Letizia cumple 54: la reina que llegó con tacones y terminó mandando con la mirada
De periodista a reina: una historia de coronas, protocolos, polémicas y mucho carácter
por Alfredo Muñiz
Hoy cumple 54 años doña Letizia, reina de España, Borbón por matrimonio y Ortiz por nacimiento, que no es poca combinación para una mujer que un día trabajaba con micrófono y libreta y terminó aprendiendo que en palacio hasta el silencio tiene protocolo.
Letizia nunca fue una reina de catálogo. Llegó a la Zarzuela procedente del periodismo, profesión en la que uno pregunta, escucha y, sobre todo, aprende a detectar cuándo alguien está intentando esquivar la respuesta. Tres virtudes que, en una Casa Real, tampoco deben de venir nada mal.
Para unos, es la reina republicana. Para otros, precisamente lo contrario: uno de los grandes apoyos de la Corona para acercarse a una sociedad cada vez más exigente con sus instituciones. Y luego están los monárquicos juan carlistas más irreductibles, aquellos para quienes la llegada de Letizia a la familia real debió de parecerles poco menos que la entrada de Netflix en el Palacio Real.
Pero Letizia resistió.
Y eso quizá sea lo más interesante de su trayectoria: no se limitó a ocupar el puesto de reina; construyó un personaje propio dentro de la institución.
No siempre ha sido fácil. Imaginemos —porque nadie nos ha entregado el plano secreto de las batallas palaciegas— las tensiones, equilibrios, susceptibilidades y luchas de poder que habrá tenido que afrontar una periodista convertida en princesa y después en reina. En Palacio, como en cualquier familia, seguramente habrá habido días de protocolo y otros de protocolo, pero con los dientes apretados.
La diferencia es que allí hasta una discusión familiar debe llevar chaqué.
Letizia tiene además algo que no se aprende en una academia de protocolo: personalidad. Tiene criterio, discurso propio y una notable capacidad para controlar el escenario. Y posee una ventaja heredada de su antigua profesión: sabe que una imagen vale más que mil comunicados y que una frase mal colocada puede ocupar las portadas durante una semana.
Su estilo también ha evolucionado. De aquellos primeros años de princesa algo encorsetada a una reina que juega con la moda, mezcla diseñadores españoles con firmas internacionales y utiliza la ropa como parte de su comunicación pública. El armario real se ha convertido, en ocasiones, en una pequeña sección de tendencias.
Y mientras tanto, Felipe VI reina.
Pero Letizia acompaña, complementa y, en determinadas cuestiones, proyecta una personalidad pública perfectamente reconocible. No es una figura decorativa. Tampoco pretende serlo.
Quizá ahí reside una de las claves de su éxito: Letizia no intenta parecer una reina de hace un siglo, sino una reina del siglo XXI.
A algunos les entusiasma. A otros les irrita. A otros les desconcierta. Pero indiferente, lo que se dice indiferente, no deja a demasiada gente.
Y eso, para cualquier figura pública, ya es una forma de poder.
Hoy, desde estas páginas de VIAJAR, vivir y saborear, queremos felicitar a Su Majestad la Reina.
Que cumpla muchos más, que siga manteniendo ese carácter, que no pierda nunca la curiosidad de periodista y que continúe demostrando que también se puede llevar una Corona sin que la Corona termine llevándote a ti.
Feliz cumpleaños, doña Letizia.
Y que conste: si algún día necesita un cronista para contar las intrigas de Palacio, aquí estamos. Eso sí, prometemos cambiar los nombres…
aunque los lectores probablemente los adivinen.
Su abuela Menchu confío en mí para conceder su última entrevista y escribir su epitafio, siempre respetando a su nieta y con un temor tremendo a que sus palabra pudieran perjudicar a la Casa Real. Algún día, le contaré a la reina divertidas anécdotas de aquella última entrevista. Informa ALFREDO Muñiz.

