COMIENZA EL DESAHUCIO DE MONCLOA
por Alfredo Muñiz
La llave, de momento, sigue en el bolsillo; pero el contrato de alquiler político ya tiene fecha de vencimiento
Ayer nos preguntábamos si Pedro Sánchez estaría preparando las maletas, si habría encontrado alguna trampilla constitucional de última hora o si, como buen inquilino de La Moncloa, intentaría renegociar el contrato con sus numerosos caseros parlamentarios.
Pues bien: ya tenemos notición del día.
El desahucio de Moncloa ha comenzado.
Pedro Sánchez ha pulsado el botón y ha convocado elecciones generales para el 29 de noviembre. Después de ocho años de mudanzas políticas, prórrogas presupuestarias, pactos de geometría variable y negociaciones hasta con el vecino del quinto, el presidente ha decidido que sean los españoles quienes decidan quién conserva las llaves. (La Razón)
La escena tiene algo de comedia inmobiliaria.
Primero fue Maricarmen quien protagonizó el drama de la vivienda. Después llegaron los decretos, la Puerta del Sol, las pancartas, los socios enfadados y aquel curioso espectáculo en el que un Gobierno pretendía solucionar el problema de los desahucios mientras el Congreso le devolvía los decretos a la portería.
Y ahora resulta que el desahucio ha cambiado de dirección.
De la vivienda de Maricarmen hemos pasado al despacho de Moncloa.
La diferencia es que aquí no hace falta cerrajero: la llave la tienen las urnas.
Durante el fin de semana Sánchez se tomó su correspondiente periodo de reflexión. Tres días de meditación política que, vistos desde fuera, debieron parecer una mezcla de retiro espiritual, consejo de administración y reunión de comunidad de vecinos.
Había que decidir si continuar negociando con unos socios que cada vez cobran más cara la cuota de comunidad o reconocer que la escalera parlamentaria se había quedado sin ascensor.
Finalmente, ha elegido votar.
La derrota de los dos decretos de vivienda fue el detonante, pero no el único problema. La mayoría parlamentaria se había convertido en un puzle cada vez más complicado y la continuidad de la legislatura empezaba a exigir más combinaciones que una caja fuerte. (La Razón)
Y así llegamos al gran momento inmobiliario del día:
Se vende Moncloa.
Bueno, exactamente no se vende.
Se pone a disposición de los electores.
Visitas abiertas el 29 de noviembre.
Se admiten propuestas.
No sabemos todavía quién se quedará con el inmueble, porque eso no corresponde decidirlo al comentarista, al tertuliano ni siquiera al encuestador: corresponde a los ciudadanos en las urnas.
Lo que sí sabemos es que el anuncio convierte estos próximos meses en una gigantesca visita inmobiliaria nacional.
Los candidatos enseñarán habitaciones.
Uno hablará del salón.
Otro de la cocina.
Otro señalará las goteras.
Y todos prometerán que, si les entregamos las llaves, ellos sí sabrán arreglar la casa.
Mientras tanto, en Moncloa seguramente habrá comenzado ya el embalaje.
Los cuadros, las carpetas, las fotografías, los recuerdos de ocho años de poder…
Y alguien, en algún despacho, estará preguntando:
—¿Esto se tira o lo dejamos para el próximo inquilino?
Porque aquella reflexión de ayer ya tiene respuesta.
No sabemos quién entrará en Moncloa el 29 de noviembre. Pero ya sabemos que habrá mudanza.
Y en política, como en los alquileres, hay una regla elemental:
cuando llega el propietario con las llaves nuevas, el inquilino tiene que abrir la puerta.
Esta vez, el propietario se llama elector.
Y tiene la última palabra.

LA VÍSPERA
Reflexionábamos ayer: Turrón, uvas o urnas? Sánchez prepara la mudanza de La Moncloa
El desahucio llega a La Moncloa: Sánchez hace las maletas… pero todavía no entrega las llaves
por Alfredo Muñiz
La política española ha descubierto una nueva modalidad inmobiliaria: el desahucio presidencial. Después de que el Congreso tumbara los decretos de vivienda y de que Junts, PP y Vox dejaran al Gobierno mirando al calendario, Pedro Sánchez se ha encontrado ante una curiosa disyuntiva: seguir viviendo en La Moncloa o empezar a buscar piso… electoral.
Porque el presidente lleva todo el fin de semana entregado a la reflexión. Una reflexión de esas que en política duran 48 horas, requieren numerosos asesores y pueden terminar con un Real Decreto.
Según las informaciones publicadas, Sánchez ha mantenido contactos con ministros, dirigentes socialistas y su núcleo de confianza para decidir si disuelve las Cortes y convoca elecciones. El 29 de noviembre sería la primera fecha posible. (RTVE.es)
Y aquí comienza la intriga.
¿Elecciones? ¿Resistencia? ¿Otra negociación? ¿Un último intento de salvar la legislatura? La Moncloa asegura que todavía no hay decisión oficial, aunque diversas fuentes del Gobierno y del PSOE daban prácticamente por hecho que el presidente anunciaría este lunes su decisión. (Cadena SER)
Sánchez y el síndrome de la caja de mudanzas
Uno puede imaginar La Moncloa este domingo como una inmobiliaria de lujo.
—¿Se queda?
—Depende.
—¿Y las maletas?
—Preparadas.
—¿Para dónde?
—Para las urnas.
Mientras tanto, alguien debe de estar haciendo inventario: dos decretos de vivienda por aquí, siete votos de Junts por allá, un puñado de encuestas encima de la mesa y, probablemente, el teléfono echando humo.
El problema es que la política española se ha convertido en una especie de Airbnb parlamentario: cada socio entra, sale, negocia el precio, cambia las condiciones y, cuando llega la hora de pagar, puede dejar las llaves encima de la mesa.
Junts votó contra los dos decretos de vivienda y dejó al Ejecutivo sin una de sus principales bazas legislativas. La Moncloa interpreta el episodio como un punto de inflexión y el PSOE ve ahora la posibilidad de convertir la vivienda en uno de los grandes ejes electorales. (El País)
La pregunta del millón: ¿convocar o resistir?
Sánchez tiene varias puertas.
Una lleva a las elecciones.
Otra conduce a nuevas negociaciones parlamentarias.
Y siempre queda esa misteriosa puerta que en política nadie ve hasta que aparece un asesor con una carpeta debajo del brazo y dice:
—Tenemos una alternativa.
Porque si algo ha demostrado esta legislatura es que cuando parece que se acaba el camino, aparece un sendero administrativo.
El propio Sánchez defendía todavía en septiembre que su intención era agotar la legislatura y celebrar las elecciones en 2027. (La Moncloa) Ahora, tras el revés parlamentario de los decretos de vivienda, el escenario ha cambiado y el adelanto electoral se estudia abiertamente.
Y Begoña, mientras tanto, haciendo cajas
La escena familiar también tiene su punto cinematográfico.
Pedro:
—Begoña, ¿has visto las cajas?
Begoña:
—¿Qué cajas?
Pedro:
—Las de La Moncloa.
Begoña:
—¿Nos vamos?
Pedro:
—Todavía no.
Begoña:
—Entonces, ¿para qué haces las cajas?
Pedro:
—Por si acaso.
Y así podría transcurrir el fin de semana presidencial: entre informes, teléfonos, encuestas, asesores y esa pregunta que sobrevuela el palacio como una mosca en agosto:
¿Y si convocamos?
Pero conviene no confundir la sátira con el BOE. A estas horas, la convocatoria no estaba oficialmente anunciada; lo que sí estaba confirmado era la intensa deliberación política y la posibilidad de un adelanto inmediato. (LaSexta)
El misterio del lunes
Por eso, este lunes puede convertirse en uno de esos días en los que el teléfono móvil se consulta más que el parte meteorológico.
Si Sánchez anuncia elecciones, comenzará oficialmente la mudanza política.
Si no las anuncia, empezará otra temporada de negociaciones.
Y si aparece una tercera vía, nadie debería sorprenderse demasiado: en la política española siempre queda un cajón secreto.
Quizá por eso el verdadero suspense ya no consiste en saber cuándo serán las elecciones, sino en descubrir qué habrá pensado Sánchez durante su fin de semana de reflexión.
Porque en España hasta para convocar elecciones hay que hacer una tesis doctoral.
Y mientras el presidente decide si entrega las llaves de La Moncloa, el país espera sentado en el rellano.
Con las cajas preparadas.
Y sin saber todavía quién tendrá que pagar la mudanza.
Ttal vez
Tal vez el presidente haya ido al cine a ver LA BOLA NEGRA para reflexionar sobre el pasado y el futuro….
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¡Maricarmen, llena el depósito, que la legislatura se queda sin gasolina!

