La operación Ceuta: Letizia, el velo y el misterio del peinado
por Alfredo Muñiz
Hay viajes institucionales y luego está el viaje de Felipe VI y Letizia a Ceuta y Melilla, un desplazamiento que tiene más suspense que una película de espías y más protocolo que una boda de Estado.
Pedro Sánchez ya ha anunciado que el Rey visitará ambas ciudades «en las próximas semanas», aunque de momento no hay fecha concreta. Y aquí comienza el sainete: Zarzuela prepara maletas, Moncloa prepara explicaciones y Rabat prepara, probablemente, el ceño.
Porque Ceuta y Melilla no son precisamente un destino turístico cualquiera para la diplomacia española. Marruecos reivindica su soberanía sobre ambas ciudades y la posibilidad de una visita real ya ha sido considerada en medios marroquíes como una provocación.
Así que Felipe VI tendrá que hacer de Rey, de símbolo nacional y, si se tercia, de hombre que intenta caminar tranquilamente mientras alrededor todos cuentan cuántas cámaras hay, quién mira y quién deja de mirar.
Y Letizia, mientras tanto, afronta otro asunto de Estado: ¿qué peinado ponerse?
Porque una cosa es visitar Ceuta y otra muy distinta hacerlo con el flequillo diplomáticamente adecuado.
Los asesores de imagen de Zarzuela trabajan a destajo. Se barajan varias posibilidades.
La primera: melena al viento. Natural, elegante y patriótica. El problema es que una ráfaga inoportuna podría convertir una visita institucional en una prueba de resistencia capilar.
La segunda: recogido de alta diplomacia. Un moño tan perfectamente sujeto que ni siquiera una crisis bilateral sería capaz de moverlo. Un moño arriba España sería el peinado más adecuado. Aunque la reina prefiere una discreta cola de caballo.
La tercera: el misterioso velo del fondo de armario. Esa prenda que nadie sabe exactamente cuándo aparece, pero que siempre resurge cuando el protocolo internacional se pone interesante. Los expertos en estilismo estudian si cubrirse la cabeza sería un gesto de prudencia, una concesión innecesaria o simplemente una manera de evitar que el viento de Ceuta haga de peluquero.
Y todavía queda una cuarta opción: pelo suelto y mirada de Reina. Una especie de «aquí estamos» capilar que podría ser interpretado por los analistas internacionales como mensaje estratégico.
Mientras tanto, en Moncloa, Pedro Sánchez contempla el viaje desde una prudente distancia. Él ya ha dicho que las condiciones deben ser las adecuadas. Porque en política exterior las condiciones adecuadas son como las meigas: nadie sabe exactamente dónde están, pero todo el mundo habla de ellas.
Quizá Sánchez decida quedarse en Madrid, en la Moncloa, donde las corrientes de aire son más controlables y los peinados presidenciales tienen menos importancia diplomática.
En Marruecos, entretanto, se observa el calendario. Y en Zarzuela se observa el armario.
Porque si finalmente los Reyes aparecen en Ceuta y Melilla, habrá una imagen que recorrerá España: Felipe VI saludando a los ciudadanos y Letizia bajando del avión con el peinado elegido por un comité de expertos que, según fuentes imaginarias pero perfectamente creíbles, lleva varias noches sin dormir.
Hay quien piensa que lo importante será el discurso del Rey.
Otros mirarán la reacción de Marruecos.
Los más prudentes estarán pendientes del protocolo.
Pero el verdadero pueblo soberano quiere saber una cosa:
¿Melena al viento, recogido diplomático, moño Arriba España, cola de caballo o velo de emergencia?
El destino de la política exterior española quizá no dependa del peinado de Letizia.
Pero, por si acaso, que lleve laca.

