Begoña Gómez y el menú judicial
por Alfred Muñiz
Begoña Gómez pide la absolución de las causas judiciales que la afectan. Normal: cuando uno está sentado ante el juez, lo último que desea es que le sirvan el menú degustación de la Justicia.
Su defensa insiste en que su relación con la Complutense comenzó antes de que Pedro Sánchez llegara a La Moncloa. Puede ser un dato relevante, pero la pregunta del millón sigue sobre la mesa: ¿cómo terminó la esposa del presidente dirigiendo una cátedra universitaria y qué méritos y procedimientos llevaron hasta allí?
Porque la universidad tiene una curiosa costumbre: normalmente uno llega con títulos, experiencia, méritos académicos y un currículum que no necesita ser explicado con PowerPoint.
Y aquí aparece la parte más sabrosa del asunto: las famosas teorías sobre el mundo empresarial, donde un restaurante parece ser mucho más que un lugar donde se come. Según determinadas intervenciones públicas, puede convertirse en centro de formación, concienciación, transformación social y quién sabe si, dentro de poco, en sucursal del Ministerio de Filosofía Aplicada a las Croquetas.
El camarero ya no preguntará:
—¿Qué desea tomar?
Preguntará:
—¿Qué experiencia transformadora desea vivir antes del postre?
Pero llegará el momento en que las teorías tendrán que dejar paso a las respuestas concretas. En un juzgado no suelen preguntar por la “transformación del ecosistema empresarial”. Preguntan quién hizo qué, cuándo, cómo y con qué documentos.
Y ahí no hay cátedra que valga.
Begoña Gómez tiene derecho a defenderse y será la Justicia quien determine si existen responsabilidades o si las acusaciones no se sostienen.
Así que habrá que esperar al último capítulo.
Porque este asunto empezó como una historia universitaria, pasó por los negocios y amenaza con terminar convertido en una asignatura obligatoria:
“Introducción a la Justicia: del PowerPoint al interrogatorio.”
Y, por supuesto, sin posibilidad de copiar en el examen.

