Con un par… de nueces

Las cosas claras… y las nueces bien peladas

por Alfredo Muñiz

Dicen los más socarrones que «las cosas claras y el esperma espeso». Nunca una frase de taberna dio tanto juego científico. Porque resulta que el siglo XXI ha decidido poner bajo el microscopio hasta los soldaditos del amor. Ya no basta con tener buena puntería; ahora también hay que presentar un currículo impecable: concentración, movilidad, morfología y, si es posible, actitud emprendedora.

El viejo macho ibérico, aquel que presumía de fertilizar un olivar con solo mirarlo, vive tiempos de revisión técnica. Entre la contaminación, el estrés, el tabaco, el alcohol, la comida ultraprocesada y las interminables horas sentado frente a una pantalla, sus espermatozoides parecen más funcionarios en agosto que atletas olímpicos.

Los especialistas recuerdan que la fertilidad masculina depende mucho más del estilo de vida que de la fanfarronería. Porque la naturaleza no concede medallas por levantar la voz en la barra del bar. Los espermatozoides no entienden de discursos patrióticos ni de machadas; solo obedecen a la biología.

Mientras tanto, los laboratorios analizan muestras con una solemnidad que haría sonrojar al mismísimo Quevedo. Allí cada espermatozoide desfila como un opositor: unos avanzan con determinación, otros giran en círculos como políticos buscando una explicación y algunos permanecen inmóviles, quizá esperando que otro haga el trabajo.

Y cuando uno espera la llegada de un nuevo fármaco revolucionario, aparece la ciencia con una receta digna de una abuela: un puñado de nueces, almendras o avellanas cada día. Según diversos estudios, estos humildes frutos secos se asocian con una mejor concentración y un mayor recuento de espermatozoides. Quién iba a decir que el futuro de la fertilidad podía esconderse en el mismo cuenco donde se sirve el aperitivo.

Así que el caballero moderno cambia el puro por las nueces, la barriga cervecera por un paseo diario y las noches de excesos por algunas horas más de sueño. Menos épica de barra de bar y más gimnasia cardiovascular. Resulta menos vistoso, pero bastante más eficaz.

Los españoles del norte, según algunos estudios, parecen sacar mejor nota en este peculiar examen reproductivo. Tal vez sea el clima, la alimentación o que el calor del verano no convierte a los testículos en una sauna portátil. La biología, caprichosa, tiene estas ironías: donde sobra sol, a veces falta frescura para fabricar campeones microscópicos.

Quevedo, de levantar la cabeza, quizá escribiría que el varón presume de castillo mientras descuida la pólvora. Porque el orgullo nunca ha mejorado un análisis seminal, pero sí lo hacen el ejercicio, el peso saludable, una alimentación equilibrada, dormir bien y mantener a raya el tabaco y el alcohol.

Moraleja: si alguien quiere presumir de hombría, que empiece por llenar el bolsillo de nueces antes que el ego de fanfarronadas. Al fin y al cabo, la ciencia parece haber descubierto que, en ocasiones, el secreto de la virilidad no estaba en el músculo… sino en la bolsa de frutos secos.

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