Benarrabá declara la guerra al fuego… y ficha a 300 cabras con contrato indefinido
por Alfredo Muñiz
En España discutimos durante horas sobre inteligencia artificial, drones, satélites y algoritmos predictivos. Mientras tanto, en un rincón de la Serranía de Ronda, alguien levantó la mano y preguntó:
—¿Y si ponemos cabras?
Silencio.
Y así nació probablemente la reunión más productiva de la administración pública de los últimos años.
La unidad caprina de élite
Benarrabá tiene 466 habitantes. Las cabras, unas 300. Si siguen empadronando rumiantes, en las próximas elecciones habrá que habilitar un abrevadero como colegio electoral.
Eso sí, no son cabras cualquiera.
No llevan corbata, pero sí GPS.
No presentan informes trimestrales, pero limpian el monte todos los días.
No convocan ruedas de prensa, aunque cada vez que balan parece que aprueban un presupuesto por unanimidad.
Mientras algunos proyectos públicos necesitan tres consultoras, cuatro auditorías y cinco mesas de diálogo, estas funcionarias de cuatro patas llegan, mastican y dejan el cortafuegos impecable.
La productividad, literalmente, se mide en bocados por minuto.
Tecnología punta… con cuernos
La imagen es gloriosa.
Un pastor observa una aplicación móvil mientras, a varios kilómetros, trescientas cabras trabajan sincronizadas.
Silicon Valley soñó con coches autónomos.
Benarrabá respondió con cabras autónomas.
El algoritmo es sencillo:
—¿Hay maleza?
—Cómetela.
Ni inteligencia artificial ni aprendizaje automático.
Aquí la innovación consiste en convertir zarzas en leche y riesgo de incendio en estiércol ecológico.
Hay inventos imposibles de mejorar.
El verdadero cuerpo de bomberos
Mientras medio país debate sobre quién tiene las competencias, las cabras ya han terminado el turno.
No hacen huelga.
No fichan.
No piden dietas.
Su único convenio colectivo exige hierba fresca y alguna encina para la sombra.
Y, por si fuera poco, trabajan incluso los fines de semana.
Eso sí es disponibilidad absoluta.
El currículo de una cabra municipal
Nombre: Remedios.
Profesión: Especialista en desbroce forestal.
Formación: Máster en zarzas difíciles.
Idiomas: Balés fluido.
Competencias digitales: GPS.
Experiencia: Toda una vida comiendo donde otros ven un problema.
Hay quien presume de tener un MBA.
Ellas tienen un “MGA”: Máster en Gestión de Arbustos.
La moraleja
Quizá la gran lección de Benarrabá sea que no todas las soluciones necesitan parecer futuristas.
A veces el progreso no lleva pantallas táctiles.
Lleva pezuñas.
Porque mientras algunos incendios empiezan por exceso de burocracia, otros pueden evitarse gracias a trescientas profesionales que cobran en pasto, no conocen la palabra “teletrabajo” y jamás responden: “eso no entra dentro de mis competencias”.
Al fin y al cabo, España siempre ha sabido que una cabra tira para el monte.
Lo que nadie imaginaba es que terminaría salvándolo.
Cabras 1 – Incendios 0: el ejército con más cuernos y menos burocracia de España

