Froilán, el príncipe del verano salsero: no hay beso sin Ibiza ni fiesta sin Marichalar
por Alfredo Muñiz
En España hay tradiciones que ni siquiera necesitan estar escritas en el BOE: en agosto hace calor, las terrazas se llenan, Ibiza se convierte en capital mundial del glamour con chanclas y, cuando aparece Froilán de Marichalar, uno empieza a sospechar que el verano viene con banda sonora propia.
Porque no hay verano sin beso, ni terraza sin cóctel, ni Froilán que desaproveche una buena ocasión para demostrar que la vida, además de dura, puede tener pista de baile.
El sobrino del Rey —y nieto del emérito, que tampoco es precisamente ajeno al arte de vivir la vida— ha aterrizado en Ibiza acompañado de Carla, una joven madrileña vinculada al sector de la aviación privada, con quien, según publica SEMANA, mantiene una relación desde la pasada primavera. Ellos, prudentes como dos diplomáticos en una cumbre internacional, no han confirmado oficialmente el noviazgo. Pero ya sabemos que en cuestiones del corazón las fotografías suelen tener más memoria que los comunicados oficiales.
Y allí estaba Froilán, relajado, sonriente y en modo vacaciones, disfrutando del Mediterráneo y de la compañía de su chica, mientras el sol hacía su trabajo y las cámaras el suyo.
Porque Ibiza tiene una curiosa propiedad: convierte cualquier paseo por la playa en una exclusiva y cualquier embarcación en una cumbre internacional de la alta sociedad.
Después de pasar unos días en Mallorca junto a su familia, Froilán puso rumbo a la isla blanca. De Marivent a Ibiza: un trayecto que, en la geografía sentimental del verano, equivale a pasar de la sobremesa familiar al aperitivo con música electrónica.
Y es que el muchacho parece haber encontrado su particular fórmula magistral: familia en Mallorca, amigos en Ibiza, novia en la playa y Abu Dabi esperando al final del verano como quien espera el lunes después de una noche demasiado larga.
Quevedo, si hubiera nacido en nuestros tiempos, habría tenido material para escribir una trilogía sobre Ibiza. Aquellos pecadores de su siglo presumían de capa, espada y alcoba; los de ahora llevan bañador, pulsera VIP y teléfono móvil con cámara de alta resolución.
Froilán, además, tiene una ventaja genética: pertenece a una familia donde cualquier verano puede convertirse en capítulo de la historia contemporánea. Otros guardan las fotografías de las vacaciones en un álbum familiar; ellos pueden acabar protagonizando la portada de una revista.
Y mientras la pareja disfruta del sol, el mar y la embarcación, España entera hace lo que mejor sabe hacer en agosto: mirar, comentar y elaborar teorías sentimentales con la misma precisión con la que se prepara una tortilla de patata.
¿Es amor? ¿Es ilusión? ¿Es simplemente verano?
Quién sabe.
Lo único seguro es que Ibiza ha vuelto a cumplir su misión: poner guapos a los protagonistas, broncear los rumores y conseguir que un baño en el Mediterráneo parezca una operación de Estado.
Carla parece haber entrado con buen pie en el universo Marichalar. Y Froilán, por lo que cuentan las imágenes publicadas por SEMANA, está disfrutando de la temporada como manda la tradición: con amigos, playa, barco y romance.
Después llegará Abu Dabi, la rutina y las obligaciones laborales. Pero eso será mañana.
Hoy manda el verano.
Y el verano, como decía aquel viejo refrán que jamás escribió Quevedo pero que él seguramente habría mejorado, es corto, el sol aprieta y si la vida te pone Ibiza, una novia y un barco, lo último que debe hacer uno es ponerse a trabajar.
Así que brindemos por Froilán, por Carla y por ese noble arte español de convertir tres meses de vacaciones en una novela de aventuras.
Porque en esta tragicomedia estival, unos tienen corona, otros tienen yate y otros simplemente tienen una sombrilla.
Pero todos buscan lo mismo:
un buen beso, una buena fiesta y que nadie les quite el verano.


