¡MAMÁ, NO TE PREOCUPES… QUE SOLO ME VOY EN AVIÓN!
por Alfredo Muñiz
Se ha enfadado mi madre,
y tiembla ya la nación:
¡su hijo hace una maleta
y se sube a un avión!
Ha declarado solemne:
—¡Viajar no es necesario!
¡Lo primero es la seguridad!
—Mamá, me voy.
—¿Pero a dónde?
—A mi rincón favorito en el mundo.
—¿Y eso dónde queda?
—Lejos.
—¡Pues ya empezamos mal!
Después viene la maleta:
—¿Cuántos días vas?
—Cuatro.
—¿Y llevas ropa para diez?
Una madre no calcula jornadas:
calcula temporales,
catástrofes y desgracias.
—Lleva una chaqueta.
—Hace calor.
—¡Tú llévala!
—No voy a ponérmela…
—¡Precisamente por eso!
Cuando la maleta está lista,
comienza la inspección:
—¿Pasaporte?
—Sí.
—¿Cargador?
—Sí.
—¿Cepillo de dientes?
—Sí.
—¿Ropa interior?
—¡Mamá!
Silencio administrativo.
Entonces llega la noticia:
—El avión sale a las tres.
Mi madre se santigua:
—¿¡A LAS TRES!?
¿Pero tú estás loco?
—Es por la tarde.
—¡Precisamente!
¡A esas horas se come!
¡A las tres no se vuela!
Según el Ministerio Materno,
a las ocho se trabaja,
a las nueve se desayuna,
a las diez se compra
y a las doce se reza el Ángelus.
Pero a las tres de la tarde
se duerme la santa siesta
y se vigila al hijo,
tenga la edad que tenga.
—¡Tienes que salir con tiempo!
—Está a menos de veinte minutos.
—¡Pues sal dos horas antes!
—¿Dos horas?
—¡Por si acaso hay tráfico!
—Es miércoles, 2 de septiembre.
—¡Pues habrá tráfico de domingo!
Y así, entre advertencias,
mi madre convierte un viaje
de cuatro días de vacaciones
en una expedición polar.
Finalmente me marcho.
Ella queda en la puerta,
con mirada de comandante,
viendo alejarse a su hijo
y su equipaje de mano.
Cuando ya estoy lejos,
llega el primer mensaje:
«Avísame cuando llegues.»
Luego:
«¿Has llegado?»
Después:
«¿Dónde estás?»
Y cinco minutos más tarde:
«¿POR QUÉ NO CONTESTAS?»
Entonces comprendo el misterio:
No le molesta que viaje,
ni la maleta,
ni el avión,
ni siquiera que salga a las tres.
Lo que le molesta es que su hijo
tenga la osadía de vivir
sin pedirle permiso antes.
Puedes cruzar medio mundo,
subirte a un avión
y perderte por Europa…
pero jamás le digas a una madre española:
«Mamá, no te preocupes,
que sé lo que hago.»
Porque entonces sí:
¡Prepárate para el aterrizaje!

