Óscar Puente vuelve a demostrar que entre un ministro y un alumno de patio de colegio a veces solo media una cuenta de X.
por Alfredo Muñiz
Día de Melilla. Jornada institucional. Momento solemne. Y mientras Pedro Sánchez habla de «diversidad, encuentro, convivencia, respeto y diálogo», su ministro de Transportes saca del álbum de los cromos políticos un buitre para acompañar una noticia sobre la visita de Alberto Núñez Feijóo a Melilla. (La Razón)
No hacía falta escribir nada. El buitre ya llevaba el editorial incorporado.
Puente, que no necesita enemigos porque parece fabricárselos por fascículos, quiso convertir la visita de Feijóo en una metáfora zoológica. El problema es que un ministro no es precisamente un tertuliano con conexión wifi: representa al Gobierno. Y cuando un miembro del Ejecutivo responde a su adversario como si estuviera disputándose el último balón del recreo, la solemnidad institucional se queda buscando las gafas.
La escena tiene su gracia: Sánchez predica concordia mientras Puente sobrevuela la conversación con un buitre.
El presidente pide que las diferencias sean fuente de riqueza y no de división. Muy bonito. Muy institucional. Casi dan ganas de poner música de violines. Pero inmediatamente aparece Puente, dispuesto a demostrar que en el Gobierno también existe el departamento de efectos especiales. (Europa Press)
Y ahí está la tragicomedia: mientras Ceuta y Melilla afrontan una crisis que exige diplomacia, firmeza, coordinación y soluciones, algunos parecen más preocupados por ganar la batalla del meme.
Feijóo viaja a Melilla para llevar la crisis al escenario europeo; Puente responde con fauna ibérica. Bruselas aparece en el horizonte y desde Madrid contestan desde el zoo.
Quizá el Gobierno debería decidir si quiere gobernar la crisis o comentarla en X.
Porque los ciudadanos no necesitan más GIF, más eslóganes ni más palabrería de catálogo institucional. Necesitan respuestas.
Menos buitre. Menos púlpito. Menos pelea de patio.
Y bastante más Gobierno.

