Con paciencia y con saliva el elefante se la metió a la hormiga

 “El que reparte siempre se lleva la mejor parte”, reza el refrán sobre la codiciada “parte del león”.

El dicho proviene de una fábula, escrita en la Antigua Grecia por Esopo. El meollo del mensaje dice así, según una traducción libre:

“El toro, la cabra y la oveja se alían con el león para ir de caza”.

A la hora de repartir, el león divide la presa en cuatro partes y dispone:

  • “Para mí la primera, porque me corresponde. Esta otra me la llevo por ser el más valiente. Y la tercera, como premio a mi destreza”.
  • Al arrebatar la cuarta parte, le preguntan sus socios: “¿Por qué tienes derecho también a ese trozo?
  • Y él responde: “¡Porque soy el león!”.

Después de tantos siglos, la avaricia humana continúa siendo uno de los grandes peligros en la destrucción de las empresas familiares. Menos de un 2% sobreviven a la cuarta generación. La falta de comunicación y profesionalidad, la soberbia y el nepotismo son los aliados perfectos para destruir un legado.

Se favorece de forma desmedida a unos familiares dentro de la jerarquía del poder. Se perjudica a otros con políticas contrarias a la legalidad vigente. Se gestiona con opacidad, ocultando asuntos de relevancia al resto de socios.

A la postre, se provoca una ruptura familiar. Se destapan trapos sucios y la imagen de la empresa queda por los suelos al ver las fechorías de los caciques de turno.

Las cláusulas leoninas no deben admitirse en ninguna negociación, en tales casos la única salida es emprender acciones legales y dejarse de pamplinas.

Por desgracia en las culturas dictatoriales la única forma de arreglar las diferencias entre las partes en conflicto es una guerra judicial contra los que juegan a ser los reyes de la selva.

Los mediocres de turno, al ser atrapados con las manos en la masa, se convierte en “gatitos” maulladores; victimizándose o echando la culpa a otros de sus propios trapicheos. Tejemanejes que destruyen a la familia y a la empresa. Trozos del pastel que se reparten a escondidas y que terminan en denuncias por delitos societarios y administración desleal.

En la selva del siglo XXI se puede vencer a las fieras de pacotilla que solo piensan en el “To pa mí”.

“Amiguiños sí, pero la vaquiña por lo que vale”, es el lema de Basiliño Xouto Loureiro, el Gallo, protagonista de la novela EL TESTAMENTO DEL GALLO, disponible en Amazon. 

Si te encuentras bajo la dictadura de unos mangantes, te aconsejamos que acudas a un buen abogado mercantilista y penalista. Además, es muy importante realizar una valoración pericial independiente, válida ante la Justicia para destapar la realidad. El escándalo está asegurado, pero no olvidemos que el culpable siempre es el que roba y comete actos ilegales, no el que denuncia.

Para finalizar, en la comedia EL TESTAMENTO DEL GALLO sale a relucir un simpático refrán: “Con paciencia y con saliva el elefante se la metió a la hormiga”. Y ya se sabe que como afirman en Asturias: “La trampa siempre rescampla”. Alfredo Muñiz.

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