El verano: cuando hasta el calzoncillo pide vacaciones
por Alfredo Muñiz
Llegó el verano, esa estación del año en que el termómetro se pone chulo, el ventilador trabaja más que un funcionario en agosto y uno empieza a preguntarse si realmente nació para llevar ropa o simplemente para sobrevivir dentro de ella.
Porque con estos calores hay prendas que deberían tener derecho a vacaciones. Y entre ellas, el humilde calzoncillo y su pariente femenina, la ropa interior, que pasan julio y agosto pegados al cuerpo como acreedores a un moroso.
Los expertos suelen recomendar, en determinadas circunstancias, mantener la zona íntima seca y ventilada. Y aquí empieza la gran revolución doméstica: dormir sin ropa interior. ¡Escándalo nacional! ¡La civilización se tambalea! Después de siglos de corsés, bragas, calzones y pijamas con ositos, resulta que para dormir quizá lo más sensato sea dejar que el cuerpo respire.
En el caso de los hombres, permitir algo más de ventilación puede resultar especialmente agradable cuando las temperaturas convierten ciertas zonas en auténticos invernaderos tropicales. Porque aquello ya no parece anatomía: parece una explotación agrícola de proximidad.
Las mujeres tampoco están libres de la tiranía del calor. Una ropa interior demasiado ajustada, húmeda o poco transpirable puede favorecer irritaciones y alterar el confort de la zona íntima. Por eso, durante la noche, dormir sin ella puede ser una opción cómoda para algunas personas. Eso sí, no hace falta proclamarlo desde el balcón: hay secretos de alcoba que conviene mantener en la alcoba.
Quevedo, viendo semejante asunto, probablemente habría escrito que el ser humano pasa media vida intentando cubrir lo que la naturaleza hizo para ventilarse y la otra media buscando un ventilador cuando descubre las consecuencias.
Y así llegamos al gran dilema estival: ¿dormir con ropa interior o dormir como Dios nos trajo al mundo?
La respuesta, como casi todo en esta vida, depende de cada cual. Hay quien duerme en pijama de franela en pleno agosto y quien considera que cualquier tela entre su piel y las sábanas constituye una conspiración internacional.
Lo importante es la higiene, la comodidad y evitar prendas excesivamente ajustadas o poco transpirables. Y si uno decide dormir sin ropa interior, tampoco hace falta convertirlo en una filosofía de vida.
Porque al final, señores y señoras, el verano ya nos quita bastante el sueño como para que encima tengamos que discutir con el calzoncillo.
Y si la noche está a treinta grados, quizá lo más revolucionario no sea quitarse la ropa interior, sino conseguir que el aire acondicionado no tenga el mismo sueldo que uno.

