Malos tiempos para el PSOE: cuando un partido empieza a necesitar más abogados que argumentarios, quizá ha llegado el momento de revisar la agenda.
por Alfredo Muñiz
Hoy el juez Peinado ha enviado a Begoña Gómez al banquillo, junto a su asesora Cristina Álvarez. No hay sentencia —que nadie se precipite—, pero el calendario judicial empieza a parecerse peligrosamente al programa de fiestas de Ferraz.
La vieja máxima atribuida a Julio César decía que la mujer del César no solo debe ser honrada, sino parecerlo. En la España de 2026 podríamos actualizarla: la mujer del presidente no solo debe estar fuera de los juzgados, sino procurar que su agenda no parezca diseñada por un procurador.
Y el asunto no termina en Moncloa. El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y sus hijas figuran como investigados en una causa judicial, mientras otros nombres vinculados al entorno socialista han ido apareciendo en distintos procedimientos.
Así que el votante socialista más fiel empieza a necesitar algo más que disciplina de partido: un retiro espiritual, tres rosarios judiciales y un buen asesor fiscal.
Porque cada vez que parece que se ha terminado el capítulo, aparece otro auto, otra declaración y otro personaje entrando por la puerta de los juzgados.
La pregunta ya no es qué será lo próximo que anuncie Ferraz.
La verdadera incógnita es quién será el próximo socialista en pedir cita con el juez.
Y, visto el calendario, quizá haya que poner máquina de números en la puerta de los tribunales.


