El Mundial de Sánchez: España juega, Marruecos calienta la final
por Alfredo Muñiz
Hay gobiernos que juegan al fútbol con los pies. Otros, con las manos. Y luego está Moncloa, que parece haber optado por la táctica del avestruz: esconder la cabeza mientras Marruecos calienta para disputar la final del Mundial 2030.
La RFEF sostiene que los argumentos españoles son contundentes: once sedes, la mayor parte del peso organizativo, una enorme tradición futbolística y una selección campeona del mundo. Por eso Rafael Louzán defiende que la final debe celebrarse en España.
Hasta ahí, normal.
Lo curioso empieza cuando uno mira al palco gubernamental.
Mucha comisión, poco balón
El Gobierno ha creado una copiosa comisión interministerial para organizar el Mundial. Hay ministros, altos cargos, coordinación y seguramente suficientes papeles como para empapelar La Moncloa.
Pero desde la Federación se echa en falta algo bastante más sencillo: respaldo.
Porque una cosa es organizar un Mundial y otra dejar que Marruecos juegue el partido diplomático mientras España busca las botas.
Y para rematar la jugada aparece Óscar Puente como coordinador gubernamental.
España tiene una de las grandes ligas del planeta, clubes de referencia, campeones del mundo y once sedes.
Y Moncloa pone al ministro de Transportes a coordinar el fútbol.
Solo falta que le encarguen a Renfe el VAR.
Marruecos no se ha quedado mirando
Mientras España discute quién coordina qué, Marruecos construye un estadio monumental en Casablanca y reclama su derecho a soñar con la final.
No es que Rabat haya inventado el fútbol diplomático. Simplemente parece haber entendido que los grandes acontecimientos también se ganan en los despachos.
Y ahí está el verdadero riesgo para España: tener mejores argumentos y peor estrategia para defenderlos.
La final no está adjudicada todavía. Pero precisamente por eso resulta poco aconsejable comportarse como si ya estuviera en el bolsillo.
España pone las sedes; ¿quién pone la presión?
No se trata de quitarle nada a Marruecos ni de convertir el Mundial en una batalla diplomática.
Se trata de que España defienda sus intereses con la misma determinación con la que sus futbolistas defienden una camiseta.
Porque el Mundial 2030 no se decidirá únicamente en el césped.
Se decidirá también en los despachos.
Y sería una ironía monumental que España pusiera buena parte de las sedes, la infraestructura, la experiencia y el fútbol… y Marruecos se llevara la final.
Entonces quizá Moncloa podría crear otra comisión para estudiar el desastre.
Eso sí: que tenga muchos ministros, muchas reuniones y, como parece ocurrir con la primera, voz, pero poco balón.
Porque de momento el partido sigue abierto.
Y Marruecos, al menos, parece haber entendido que hay que jugarlo.


