Marruecos promete recibir a los menores de Ceuta. Qué detalle. Lástima que la promesa llegue después de haber dejado en visto unos 800 expedientes y hasta los cadáveres de quienes murieron en el intento de cruzar
por Alfredo Muñiz
Hay diplomacias que funcionan con tratados, embajadas y comunicados. Y luego está la diplomacia marroquí, que parece manejarse con un instrumento mucho más moderno: el doble juego.
Ahora Rabat anuncia que está dispuesto a acoger «excepcionalmente» a los inmigrantes que cruzaron hacia Ceuta los días 30 y 31 de julio, incluidos los menores. Todo muy humanitario, muy europeo y muy presentable ante Bruselas.
El problema es que la memoria administrativa tiene la desagradable costumbre de conservar papeles.
Según fuentes de Extranjería citadas por EL MUNDO, existen unos 800 expedientes de retorno de menores pendientes, alrededor de 600 correspondientes a la crisis de 2021, sin respuesta de Marruecos. (Europa Press)
Es decir: para los nuevos, alfombra diplomática; para los anteriores, aparentemente, alfombra bajo la que esconder los expedientes.
Y aparece entonces la pregunta que en Moncloa parece provocar urticaria: ¿qué ha cambiado en Rabat?
¿La frontera?
¿La diplomacia?
¿El calendario electoral?
¿O simplemente que ahora hay que apagar el incendio y conviene que todos parezcan bomberos?
Porque mientras Marruecos promete recibir a los que llegaron, queda sobre la mesa otro episodio mucho más difícil de vestir con corbata diplomática: los fallecidos.
El Gobierno de Ceuta elevó a 88 el número de muertos relacionados con la entrada masiva, aunque entonces existieron diferencias entre las cifras de las distintas autoridades. (EFE Noticias)
Y según la información publicada por EL MUNDO, Marruecos habría rechazado la repatriación incluso en casos en los que algunos fallecidos habían sido identificados.
Ahí la diplomacia se queda sin maquillaje.
Porque un Estado puede discutir sobre expedientes, procedimientos, competencias y convenios. Pero cuando aparece un cadáver esperando que alguien diga simplemente «es nuestro», la política exterior debería abandonar por un momento el lenguaje de los comunicados.
Mientras tanto, nuestro presidente mantiene su particular doctrina marroquí: paciencia, empatía y buena relación con Rabat. Sánchez ha defendido públicamente esa relación y ha pedido paciencia para resolver la crisis de Ceuta. (EFE Noticias)
Paciencia.
Palabra extraordinaria para quien espera una respuesta administrativa.
Mucho menos extraordinaria para quien duerme en la calle.
Y cuando alguien pregunta en Madrid por los menores que continúan en las calles de Ceuta, aparece la nueva versión del teléfono rojo:
—Presidente, ¿qué hacemos con los menores?
—Pregúntenle a Vivas.
¡Magnífico!
La Moncloa ha descubierto el método más económico de gestión de crisis: cambiar el destinatario de la pregunta.
Si el problema está en Ceuta, Vivas.
Si está en Marruecos, paciencia.
Si está en los expedientes, burocracia.
Si está en la frontera, diplomacia.
Y si alguien pregunta quién tiene la responsabilidad, probablemente haya que convocar una comisión para averiguar quién tiene el teléfono.
Lo verdaderamente curioso es que Rabat pueda pasar de la negativa al «acogeremos excepcionalmente» con una velocidad que ya quisieran nuestras administraciones para tramitar un certificado.
Mientras tanto, Ceuta sigue haciendo de alfombra de la geopolítica española: recibe la presión fronteriza, soporta la saturación de los servicios y contempla cómo Madrid y Rabat conversan sobre la crisis como si la ciudad fuese una nota a pie de página.
Y aquí aparece Quevedo con su pluma imaginaria:
España tiene una frontera que Marruecos abre, una diplomacia que Madrid protege y una ciudad que paga la factura.
El resultado es una tragicomedia de tres actos.
En el primero, Marruecos controla la frontera.
En el segundo, Ceuta recoge las consecuencias.
Y en el tercero, Madrid pregunta quién tiene la culpa.
La respuesta, naturalmente, está en camino.
Debe de venir por valija diplomática.
Aunque, viendo cómo funcionan algunos expedientes, quizá llegue después de las elecciones.

