En El Hormiguero, el presidente de Ceuta no necesitó levantar la voz: bastó con recordar que el Estado tiene responsabilidades
por Alfredo Muñiz
Hay bofetadas políticas que llevan guante blanco. La de Juan Vivas a Pedro Sánchez fue de esas: sin aspavientos, sin gritos y con una audiencia millonaria como testigo.
Vivas se sentó frente a Pablo Motos y soltó la frase que en Moncloa debe de haber provocado más de un carraspeo: el Gobierno no habría estado a la altura de sus responsabilidades constitucionales durante la crisis de Ceuta.
Y aquí empieza el sainete.
Porque cuando Ceuta pide al Estado que ejerza de Estado, lo mínimo que uno espera es que aparezca el Estado. No una explicación, no una declaración, no un comunicado con membrete: el Estado.
Pero la política española tiene últimamente una curiosa especialidad: cuando surge un problema, primero se busca el relato; después, al culpable; y si queda tiempo, se busca la solución.
Vivas no necesitó mencionar constantemente a Sánchez. Eso es lo verdaderamente demoledor. A veces, para darle una bofetada a alguien, basta con describir lo que ha ocurrido.
Y Pablo Motos puso el escaparate.
Las hormigas, mientras tanto, probablemente preguntándose si aquello era una entrevista o una comisión de investigación con publicidad.
El problema es que Ceuta no es un plató. Es frontera, es España y es territorio sometido a una presión geopolítica extraordinaria.
Y cuando el presidente de la ciudad tiene que acudir a televisión para explicar que reclama mayor respaldo del Estado, alguien debería preguntarse por qué esa conversación no se está produciendo primero en un despacho oficial.
Porque una cosa es llevarse bien con Marruecos.
Otra es que, por llevarse bien con el vecino, el felpudo termine pareciendo política exterior.
Y ahí está el dardo de Vivas: no se trata de buscar una guerra con nadie, sino de recordar que la defensa de Ceuta y la protección de sus ciudadanos forman parte de las obligaciones del Estado.
Sánchez puede resistir críticas parlamentarias, titulares incómodos y hasta editoriales con veneno.
Pero hay una cosa más difícil de combatir:
que el propio presidente de Ceuta salga en televisión y diga que el Estado debería haber estado a la altura.
Eso no es una oposición política.
Es algo mucho más incómodo.
Es el presidente de una ciudad española diciendo al presidente del Gobierno:
“Aquí estamos. ¿Y ustedes?”
Y mientras las hormigas hacen televisión, Ceuta sigue haciendo frontera.
Quizá sea hora de que Moncloa deje de mirar el hormiguero…
y empiece a mirar el mapa.

