65 vueltas al Sol y todavía pagando peaje
por Alfredo Muñiz
Hoy cumplo 65 vueltas al Sol. Sesenta y cinco. Una edad en la que ya no preguntas qué quieres hacer con tu vida, sino cuánto cuesta hacerlo y si hay ascensor.
Algunos amigos preguntan si me jubilo. ¡Qué optimistas! De momento sigo cotizando, a ver si algún día alcanzo esa fabulosa criatura mitológica llamada pensión.
Los años tienen una ventaja: te dan experiencia. Aprendes a distinguir un amigo de un aprovechado, una persona buena de un tóxico y una discusión que merece la pena de otra que merece directamente el cubo de la basura.
Eso sí, la experiencia viene con efectos secundarios: madrugar empieza a ser una agresión, el lumbago adquiere personalidad jurídica y las cuestas se han convertido en puertos de primera categoría.
Pero a los 65 uno ya sabe que la vida no está para perderla en tonterías.
Quiero viajar, disfrutar, reír, saborear, respirar naturaleza y quedarme con la gente que suma. Y, sobre todo, soltar lastre: solucionar los conflictos pendientes y mandar al carajo aquello que robe paz.
Este año no hay gran fiesta. Me he escapado a uno de mis rincones favoritos del mundo. Porque a estas alturas el lujo ya no es una fiesta con cien invitados: es estar tranquilo con los que quieres y no tener que aguantar a los que no quieres.
Gracias por todas vuestras felicitaciones. Cada mensaje, cada llamada y cada palabra de cariño me recuerda que, después de 65 vueltas al Sol, lo verdaderamente importante no son los años que llevamos, sino las personas con las que hemos compartido el camino.
Me quedo con los buenos momentos, con las risas, con los abrazos, con los viajes y con quienes han estado ahí cuando tocaba celebrar y, sobre todo, cuando tocaba arrimar el hombro.
65 vueltas al Sol y aquí seguimos.
Con alguna pieza que chirría, alguna cuesta que intimida y bastante camino por delante.
Que nadie se confunda: no me hago viejo. Me estoy convirtiendo en edición limitada.
Eso sí… con garantía ampliada para el lumbago y el corazón lleno de gratitud.
Y mientras haya camino, ganas y buenos amigos para compartirlo, que siga girando el Sol.


