¿Ligamos o Llamo al Socorrista? Crónicas del Romance Estival

Manual de supervivencia para ligar en verano: del chiringuito al carrito de la compra

Por Alfredo Muñiz

Llega el verano y, con él, ese extraño fenómeno meteorológico por el cual algunos ciudadanos confunden el bañador con un título universitario en seducción. Basta que el termómetro supere los treinta grados para que aparezcan los conquistadores de temporada, convencidos de que una crema solar factor 50 también protege del ridículo.

La playa es el primer laboratorio del romance estival. Allí abundan los que fingen leer un libro desde hace tres horas mientras no han pasado de la primera página. Otros pasean por la orilla con la elegancia de un flamenco cojo, esperando que alguien confunda semejante desfile con el de un modelo internacional. Y luego está el héroe acuático, que se lanza al mar como si fuera el salvador de la patria, cuando lo único que rescata es un balón hinchable con forma de unicornio.

En el agua nacen las conversaciones más curiosas. El clásico «¿está fría?» sigue siendo el equivalente romántico a preguntar la hora cuando llevas un reloj en la muñeca. La respuesta siempre será la misma: depende de quién pregunte.

El chiringuito es territorio de filósofos con gafas de sol. Allí el seductor profesional pide un mojito con la solemnidad de quien negocia un tratado internacional. Habla de viajes, de vinos, de puestas de sol y hasta de meditación, aunque el mayor ejercicio espiritual que practica sea buscar cobertura para subir una foto a las redes antes de que se derrita el hielo.

La discoteca merece un capítulo aparte. Las luces son tan benévolas que convierten a cualquiera en una mezcla de estrella de cine y misterio arqueológico. Allí algunos bailan con tanta energía que parecen estar apagando un incendio invisible. Otros permanecen inmóviles, convencidos de que el magnetismo personal funciona igual que el wifi: basta con esperar a que alguien se conecte.

Y qué decir del supermercado, ese inesperado templo del amor moderno. Antes se intercambiaban cartas; ahora se comparan marcas de yogur. Hay quien tarda veinte minutos delante de los aguacates esperando encontrar el fruto perfecto… o la excusa perfecta para iniciar conversación. El destino puede esconderse entre los tomates, aunque conviene recordar que decir «qué melones más bonitos» no siempre produce el efecto literario que uno imagina.

También existen los estrategas del gimnasio, los exploradores del festival de música, los aventureros de la cola del helado y los valientes de la gasolinera, convencidos de que Cupido viaja en cualquier lugar donde haya aire acondicionado.

Pero la realidad suele ser menos complicada. El verano no premia al más guapo, ni al más musculoso, ni al que presume de haber visto cuarenta y siete atardeceres en Bali. El auténtico conquistador es quien sabe escuchar, reírse de sí mismo y no convierte cada conversación en una entrevista de trabajo.

Porque el humor abre más puertas que una llave maestra, la educación resulta mucho más atractiva que la arrogancia y una sonrisa sincera vale más que cien frases aprendidas en internet.

Así que, si este verano decide salir a conquistar corazones, recuerde la norma de oro: procure hacer reír antes que presumir. Si además evita los piropos de museo, las poses de pavo real y las coreografías dignas de un pulpo con calambres, tendrá muchas más posibilidades de volver a casa con un teléfono apuntado… y muchas menos de convertirse en la anécdota cómica del chiringuito.

«El mejor afrodisíaco no es el champán ni las ostras; es hacer reír. Porque quien consigue arrancarte una carcajada ya ha dado medio beso… el otro medio depende de si no mete la pata.»

Últimas

La familia encantada: entre vampiros, sanguijuelas y herencias del más allá

Condes, Dráculas y primos okupas: crónicas de una familia...

España, S.A.: Buffet Libre… a Cuenta del Contribuyente

España, el país donde parece que hasta las cigüeñas...

Pedro Sánchezy el Reino del Chantaje: un cuento sin final

El sultán invisible y el funambulista de La Moncloa....

Marlaska: el náufrago que siempre encuentra un flotador en Moncloa

Marlaska, el ministro de las siete vidas por Alfredo...

Siempre al día

937FansMe gusta
606SeguidoresSeguir
1,345SuscriptoresSuscribirte

Newsletter

Siempre actualizado de las últimas noticias, ofertas y anuncios especiales.

spot_img

¡No te lo pierdas!

La familia encantada: entre vampiros, sanguijuelas y herencias del más allá

Condes, Dráculas y primos okupas: crónicas de una familia...

España, S.A.: Buffet Libre… a Cuenta del Contribuyente

España, el país donde parece que hasta las cigüeñas...

Pedro Sánchezy el Reino del Chantaje: un cuento sin final

El sultán invisible y el funambulista de La Moncloa....

Marlaska: el náufrago que siempre encuentra un flotador en Moncloa

Marlaska, el ministro de las siete vidas por Alfredo...

Del ático al Apocalipsis: cuando una terraza eclipsa un terremoto

El ático, el telescopio y el incendio Por Alfredo Muñiz Dicen...

La familia encantada: entre vampiros, sanguijuelas y herencias del más allá

Condes, Dráculas y primos okupas: crónicas de una familia encantada por Alfredo Muñiz Hay familias que no necesitan un árbol genealógico, sino un exorcista con...

España, S.A.: Buffet Libre… a Cuenta del Contribuyente

España, el país donde parece que hasta las cigüeñas traen formularios por Alfredo Muñiz Dicen que España es tierra de sol, vino y hospitalidad. Tan...

Pedro Sánchezy el Reino del Chantaje: un cuento sin final

El sultán invisible y el funambulista de La Moncloa. El sultán mueve ficha y Moncloa pide tiempo muerto por Alfredo Muñiz Dicen los viejos marineros...

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí