Sánchez y la invasión marciana
Por Alfredo Muñiz
A Pedro Sánchez solo le falta una invasión marciana para completar la colección.
Después de Ceuta, de los informes policiales, de las contradicciones ministeriales y de una jueza de la Audiencia Nacional que ha decidido investigar la entrada masiva de julio como un posible ataque grave contra la integridad territorial, la Moncloa empieza a parecerse menos a una sede de Gobierno y más a una sala de escape donde nadie encuentra la puerta de salida. (El País)
Sánchez, entretanto, resiste.
Resiste viento, marea, oposición, jueces, encuestas, socios parlamentarios y hasta los titulares de los periódicos. Si algún día naufragara la Moncloa, probablemente el presidente seguiría agarrado a una boya institucional diciendo: «Hay que mantener la estabilidad».
La palabra elecciones provoca en el palacio presidencial el mismo efecto que una alarma de incendios en una fábrica de gasolina.
—¿Elecciones?
—¡Rápido, cambien de tema! ¡Que alguien hable de otra cosa!
Y así transcurre la legislatura: un ministro explica una cosa, otro explica la contraria y, cuando ambos terminan, aparece un portavoz para explicar que en realidad ninguno ha dicho exactamente lo que ha dicho.
Mientras tanto, la crisis de Ceuta ha adquirido dimensiones de novela de espías. La investigación judicial estudia si detrás de aquella entrada masiva hubo una operación organizada y si existió participación de agentes marroquíes. El Gobierno, por su parte, sostiene que no hay pruebas concluyentes de que Marruecos orquestara la operación.
Y entonces surge la gran pregunta nacional:
¿Qué tendría que ocurrir para que Sánchez convocara elecciones?
¿Una crisis internacional? Ya hemos tenido varias.
¿Una invasión? Mejor no dar ideas.
¿Una invasión marciana?
Ahí podría estar la solución.
Imaginemos la escena.
Una mañana aparece sobre la Moncloa un enorme ovni de colores. Baja una delegación de marcianitos verdes, violetas y fosforitos. El presidente los recibe con solemnidad.
—Bienvenidos a España. ¿De qué planeta vienen?
—De Marte.
—¿Y qué desean?
—La Moncloa.
Sánchez sonríe.
—Eso será complicado. Hay que consultar a los socios.
Los marcianos esperan.
Consultan.
Uno dice que sí.
Otro que no.
Otro exige una vicepresidencia.
Otro pide una comisión.
Y, cuando por fin parece alcanzarse un acuerdo, aterriza otro ovni.
Entonces el marciano jefe pierde la paciencia:
—Mire, presidente: nosotros venimos a invadir.
Sánchez suspira.
—¿Y no podrían esperar a que terminemos la legislatura?
Los extraterrestres se miran entre ellos.
—¿Legislatura?
—Sí.
—¿Cuánto dura?
—Depende.
—¿De qué?
—De que no haya elecciones.
Los marcianos hacen una rápida consulta interplanetaria.
Finalmente regresan a su nave.
—Nos vamos.
—¿Por qué?
—Porque esto es demasiado complicado hasta para Marte.
Y despegan.
Sánchez se queda mirando el cielo.
—Otro problema resuelto.
Después llama a su equipo:
—Bien. Ahora preparad un comunicado: España ha demostrado una vez más su capacidad de gestionar con éxito una crisis extraterrestre.
Y así, entre informes, comunicados, ruedas de prensa y ovnis de colores, el presidente sigue resistiendo.
Porque quizá la verdadera pregunta ya no sea cuándo habrá elecciones.
La verdadera pregunta es:
¿Qué tendrá que pasar para que Sánchez considere que ya ha pasado suficiente?
¿Una invasión marciana?
No se preocupen.
Todavía queda legislatura.

