Del pepino de Almería al matcha de Alicante, pasando por vinos de montaña salmantinos, setas castellanas y trucha de aguas cristalinas: así se cocina un país a través de sus paisajes
La cocina ya no solo se come. También se escucha, se interpreta y se viaja. El nuevo comensal del siglo XXI quiere saber de dónde viene lo que tiene en el plato, quién lo cultiva, qué paisaje hay detrás de un sabor y qué historia se esconde tras cada ingrediente.
En un momento en el que el origen del producto se ha convertido en el gran relato gastronómico, Madrid acogió una experiencia singular: un recorrido culinario por distintas geografías españolas sin necesidad de abandonar la mesa.
El escenario fue el lucernario del Hotel Hyatt Regency Hesperia Madrid, transformado en un improvisado laboratorio de cocina para acoger la IX edición de las “Healthy Gourmet Seasons” verano 2026, impulsadas por la periodista Pilar Carrizosa. Una propuesta donde la estacionalidad, el producto local y la alimentación saludable dialogan con la creatividad culinaria.
A los fogones, la chef Ana Isabel Peiró dirigió un showcooking que funcionó como una suerte de mapa gastronómico comestible: ocho territorios, ocho sellos de identidad y un menú capaz de recorrer España a través de aromas, texturas y productos profundamente vinculados a su origen.
Un verano servido por estaciones y paisajes
El viaje comenzó en el sur.
Desde los invernaderos de Almería llegó el primer bocado: un pepino midi osmotizado con crema de queso y aceite de eneldo. Un aperitivo fresco y ligero elaborado con producto de la cooperativa Unica Group, símbolo de una agricultura intensiva cada vez más ligada a la sostenibilidad, el control biológico y la trazabilidad.
Crujiente, hidratante y de sabor limpio, el pepino midi representó algo más que un ingrediente: el triunfo de un consumidor que busca salud sin renunciar al placer.
La siguiente parada se encontraba en la huerta biodinámica.
Verduras a la brasa —zanahoria, espárragos, alcachofa, tomate o pimiento rojo— sirvieron para introducir al público en un concepto todavía poco conocido fuera de ciertos círculos gastronómicos: la agricultura biodinámica. Un método que entiende el campo como un organismo vivo, rechaza fertilizantes artificiales y trabaja en armonía con los ciclos naturales y lunares.
En un tiempo obsesionado con la sostenibilidad, esta cocina de raíces profundas reivindica una idea simple: comer mejor empieza por respetar la tierra.
Castilla y León: bosques que se comen
Las setas llegaron como un homenaje al monte.
Confitadas y acompañadas de huevo poché y aire de parmesano, chantarelas y boletus trasladaron al plato los aromas húmedos del bosque castellano. Procedentes del ecosistema regulado impulsado por Cesefor y el programa Micocyl, estas especies representan una nueva economía rural donde la micología no solo alimenta, sino que también genera turismo, empleo y conservación forestal.
Cada bocado recordaba a tierra mojada, madera y frutos secos. Una cocina que conecta directamente con el paisaje.
La trucha que nace en aguas casi perfectas
Uno de los momentos más delicados del menú llegó desde el corazón natural de Castilla-La Mancha.
La trucha arcoíris criada en el entorno del río Mundo y las Lagunas de Ruidera apareció acompañada de regañás elaboradas con algas marinas de la Bahía de Cádiz. El resultado fue una combinación sorprendente: interior y mar dialogando en un mismo plato.
La piscifactoría Río Mundo ha convertido la pureza del agua en su gran patrimonio diferencial. Aguas cristalinas, bajas temperaturas y un sistema de trazabilidad integral permiten una crianza controlada desde la incubación hasta el producto final.
El sabor, limpio y elegante, demostraba por qué este pescado vuelve a ganar espacio en las mesas de quienes buscan proteína saludable y proximidad.
El pan que sabe al Atlántico
Pocas propuestas despertaron tanta curiosidad como las regañás elaboradas con algas de Medina Sidonia.
Lechuga de mar y ogonori rojo, especies exclusivas de las aguas gaditanas, aportan al pan un inesperado sabor marino. Es un producto de kilómetro cero, casi artesanal, nacido de la colaboración entre pequeños productores locales y convertido ya en una de las referencias más singulares de la despensa española.
Un snack con identidad propia que transforma el concepto de “sabor a mar”.
El nuevo oro verde español
Si hace una década el pistacho parecía un cultivo anecdótico, hoy es una de las grandes revoluciones agrícolas españolas.
Desde Jaén, la asociación Appistaco reivindica el potencial de un fruto seco cuyo crecimiento en España se ha disparado en los últimos años. Rico en proteínas, antioxidantes y grasas saludables, el pistacho se ha convertido en uno de los imprescindibles del recetario saludable contemporáneo.
En esta ocasión apareció vinculado al chocolate en un postre que cerró el recorrido con equilibrio entre intensidad y frescura.
El broche verde: un sorbo de energía
El viaje terminó en Alicante con una taza verde intensa.
El té matcha y su versión latte de Azaconsa pusieron el punto final a la experiencia. Un producto de origen japonés reinterpretado para el consumidor contemporáneo que busca energía natural, antioxidantes y bienestar.
Con más de 150 años de trayectoria, la firma alicantina representa también otro de los grandes movimientos de la alimentación actual: el regreso a productos funcionales donde salud y disfrute ya no parecen incompatibles.
Comer un territorio
Quizás esa fue la gran lección del encuentro: detrás de cada plato existe una geografía, una tradición y una forma de entender el mundo.
En tiempos de comida rápida y productos deslocalizados, experiencias como “Healthy Gourmet Seasons” recuerdan algo esencial: España no solo se visita. También se saborea.
Y a veces basta una mesa para recorrer un país entero. Informa Alfredo Muñiz.

