El envidioso enflaquece de lo que otro engorda

Conocí a Antonio Machín en Salinas (Asturias), me lo presentó el entrañable Joaquín García, un empresario madrileño que regentó el restaurante del Real Club Náutico de Salinas en la época más glamurosa cuando los políticos acudían a los bailes y fiestas veraniegas. Por el invierno, Joaquín dirigía “El Conga” en Madrid, un local donde Machín solía actuar en la capital del reino.

Joaquín y su esposa, Antonia, fueron excelentes amigos de mis abuelos Alfredo y Carmina. En mis estancias en Madrid me trataban como a un nieto más. Los recuerdo con cariño, y siento nostalgia de la estampa de Joaquín con su camisa hawaiana rosa, su pantalón blanco, su bastón, su gorra y sus zapatillas Nike caminando a buen ritmo por el paseo marítimo de la playa de Salinas (Asturias).

“Hoy ya hice veinte paseos” me contaba al saludarme.

Volvamos a nuestro cantante, Antonio Machín, pese a haber nacido en Cuba, Machín es un desconocido en la perla del Caribe, al no estar vinculado al régimen comunista. Sin embargo, fue un trotamundos de la música, triunfó en EE.UU., Francia y España, entre otros países.

Nadie como él describe los sentimientos humanos de amor y desamor, en este caso le dedica un tema a la envidia, uno de los males de nuestra España. La avaricia y la envidia son dos de las principales causas que provocan la ruptura de las familias y las amistades.

En la novela EL TESTAMENTO DEL GALLO, disponible en Amazon, se relata en forma de comedia las peripecias de una saga familiar gallega en su imperio de huevos y gallinas. Como muestra la comedia: “el envidioso enflaquece de lo que otro engorda”. Informa Alfredo Muñiz.

“Siento envidia
Siento celos
De todo lo que miras con cariño
De todo lo que amas en silencio
De todos a quien hablas con ternura
De todo lo que adoras en tu sueño

Siento envidia
Siento celos
De todo lo que sé que tú prefieres
De todo lo que aspiras a tenerlo”.

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