Hubo un tiempo en el que Cuba parecía un destino casi natural para Asturias. No solo por los vínculos sentimentales de la emigración o por aquella memoria colectiva de “hacer las Américas”, sino también porque la isla fue vista durante décadas como un territorio de oportunidades económicas para empresas asturianas.
Presidentes del Principado, delegaciones institucionales, empresarios, cámaras de comercio y organismos públicos desfilaban cada año rumbo a la Feria Internacional de La Habana con una idea compartida: Asturias podía ocupar una posición privilegiada en la reconstrucción económica de Cuba.
La fotografía se repetía mandato tras mandato. Viajes institucionales, encuentros empresariales y promesas de cooperación comercial. La isla, todavía muy cerrada al capital extranjero, ofrecía un modelo peculiar: las empresas internacionales podían invertir, sí, pero normalmente bajo fórmulas de empresa mixta donde el Estado cubano retenía el control mayoritario, habitualmente un 51 % del capital.
Parecía un peaje asumible para acceder a un mercado con potencial.
No siempre salió bien.
Cuando Asturias apostó fuerte por Cuba
Durante los años noventa y dos mil, muchas compañías asturianas vieron en Cuba un mercado estratégico. Desde alimentación hasta maquinaria industrial, pasando por construcción, ingeniería o bienes de consumo.
Una de las operaciones más simbólicas fue la de la cooperativa asturiana vinculada a la leche. La entonces Corporación Alimentaria Peñasanta, propietaria de la marca Central Lechera Asturiana, llegó a impulsar una planta de producción y distribución de leche en Cuba con la ambición de modernizar el abastecimiento alimentario en parte de la isla. La inversión rondó los ocho millones de euros y pretendía extender la producción a varias provincias cubanas.
El entusiasmo no era exclusivo del sector alimentario.
Desde principios de los noventa, el Principado coordinaba la presencia de empresas asturianas en la Feria Internacional de La Habana (FIHAV), uno de los grandes escaparates económicos del Caribe. IDEPA impulsó durante años pabellones institucionales donde decenas de firmas asturianas buscaban acuerdos comerciales y proyectos de implantación.
El relato oficial era optimista: Cuba abriría progresivamente su economía y Asturias, por afinidad histórica y cultural, tendría ventaja.
Pero la realidad acabó siendo mucho más compleja.
El problema de hacer negocios en una economía intervenida
Muchos empresarios asturianos descubrieron con el tiempo las enormes dificultades de operar en Cuba.
Los retrasos en pagos, las restricciones cambiarias, los problemas logísticos, la falta de liquidez del Estado cubano y las rigideces administrativas acabaron generando tensiones importantes.
Algunos empresarios terminaron acumulando deudas millonarias pendientes de cobro, mientras otros optaron por suspender exportaciones ante la imposibilidad de garantizar seguridad financiera.
El problema no siempre era la falta de demanda. Era, sencillamente, cobrar.
Durante años, numerosas compañías españolas denunciaron retrasos sistemáticos en pagos estatales, renegociaciones constantes y operaciones atrapadas en un laberinto burocrático donde el socio público tenía siempre la última palabra.
Y en un modelo donde el Gobierno cubano mantenía la mayoría accionarial, la capacidad real de decisión del inversor extranjero resultaba frecuentemente limitada.
El sueño empresarial empezaba a desgastarse.
La última señal de alarma: Meliá hace las maletas
La noticia de hoy marca un antes y un después.
La cadena hotelera española Meliá Hotels International, uno de los grandes símbolos del turismo internacional en Cuba desde los años noventa, ha decidido abandonar la gestión de quince hoteles en la isla por el deterioro de las condiciones geopolíticas, jurídicas y económicas. La decisión llega en pleno endurecimiento de las sanciones impulsadas por la administración estadounidense y en medio de una profunda crisis energética y turística cubana.
Meliá llevaba más de treinta años resistiendo en Cuba.
Que incluso una empresa acostumbrada a operar en contextos complejos decida reducir exposición envía un mensaje potente al tejido empresarial internacional: el riesgo ha empezado a superar a la oportunidad.
Y la pregunta inevitable surge también en Asturias.
¿Qué queda hoy de las relaciones económicas entre Asturias y Cuba?
La respuesta es clara: mucho menos que hace dos décadas.
Las relaciones comerciales no han desaparecido, pero han perdido peso de forma evidente. Aunque todavía existen vínculos institucionales, empresariales y culturales —alimentados también por la importante comunidad de descendientes asturianos en la isla—, el gran entusiasmo inversor se ha ido enfriando.
Siguen existiendo contactos empresariales puntuales y exportaciones específicas, pero ya no existe aquella fiebre por implantarse en Cuba que llevó a tantas delegaciones asturianas a La Habana.
La prudencia domina.
Muchas compañías prefieren vender desde fuera antes que invertir directamente en estructuras locales sometidas a un contexto financiero incierto.
¿Quedan empresarios asturianos vinculados a Cuba?
Sí, aunque de manera mucho más discreta.
Persisten empresarios con relaciones comerciales, proveedores agroalimentarios, pequeñas exportaciones y algunos vínculos ligados a turismo, alimentación o comercio exterior. Pero el perfil ha cambiado: menos grandes apuestas industriales y más operaciones prudentes, generalmente limitadas y muy controladas.
La experiencia de las últimas décadas ha dejado una lección que muchos empresarios repiten en privado: en Cuba el negocio puede existir, pero el riesgo político y financiero nunca desaparece del todo.
Asturias y Cuba: entre la memoria sentimental y el realismo económico
La relación entre Asturias y Cuba difícilmente desaparecerá.
Hay demasiada historia compartida, demasiadas familias entrelazadas y demasiada memoria de emigración para romper ese vínculo.
Pero en el terreno empresarial, el romanticismo hace tiempo que dejó de pagar facturas.
La salida de Meliá no solo representa un movimiento corporativo. Es también el símbolo de un cambio de época: el cierre progresivo de aquella ilusión empresarial que hizo creer a muchos asturianos que Cuba podía volver a ser tierra de oportunidades.
Para algunos, lo fue.
Para otros, quedó convertida en una cuenta pendiente imposible de cobrar. Informa Alfredo Muñiz.

