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El Gallo, la vaquiña y las herencias envenenadas por mangantes

La muerte no nos roba a los seres queridos. Es más, los guarda y los inmortaliza en el recuerdo para siempre”, François Mauriac.

Tejemanejes que destruyen a la familia y la empresa

“Amiguiños sí, pero la vaquiña por lo que vale”, es el lema de Basiliño Xouto Loureiro, el Gallo, protagonista de la novela EL TESTAMENTO DEL GALLO, disponible en Amazon. 

En la tradición cristiana, el amor al dinero es condenado como un pecado que origina avaricia y codicia a adueñarse del patrimonio ajeno. Además, el envidioso enflaquece de lo que otro engorda. Ante parientes con actitud demoníaca lo mejor es alejarse de ellos. Escuchemos a Charles Bukowski: “No los odio, solo me siento mejor cuando no están cerca”.

Venta amistosa: la vaquiña por lo que vale

Cuando las relaciones se convierten en tóxicas lo mejor es apartarse de aquellos que desprecian tus ilusiones. Mi consejo es negociar una venta amistosa a un precio razonable, regularizando las irregularidades financieras, fiscales y contables cometidas en el pasado.

En el caso de una empresa familiar caben dos alternativas ante un conflicto no resuelto, la fórmula más penosa y costosa es enzarzarse en una guerra jurídica en la que el juez tendrá la última palabra, con el consiguiente desgaste que suponen los juicios involucrando a la familia; el tiempo y la energía que se pierde en discusiones; la repercusión en prensa en el caso de grandes fortunas, y los costes en abogados y procuradores. En muchos casos esta vía es la única solución ante el despotismo de los mangantes de turno.

La otra vía más razonable es negociar un acuerdo de venta amistosa entre parientes. El problema surge cuando la avaricia y la codicia por el dinero provoca que se intenten imponer cláusulas leoninas en perjuicio de determinados intereses.

La sociedad mercantil es libre de comprar las participaciones, generalmente tiene derecho preferente, y lo sensato sería pactar unos pagos en religiosos plazos si la empresa no dispone de reservas para liquidar al disidente, o bien, permitir que se venda a un tercero interesado: empleados, clientes, proveedores, fondos de inversión, competencia etcétera.

Sea como fuere, siempre se puede llegar a acuerdos con el resto de socios.

En el caso de que existan distintas ramas familiares, se podría pactar que el resto de herederos tengan derecho preferente de compra sobre su rama familiar. Existen multitud de alternativas, la sociedad podría invertir en acciones propias, y luego venderlas periódicamente a los interesados. Todo es cuestión de llegar a un compromiso con un valor de venta razonable entre las partes.

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El Gallo, un emprendedor hecho a sí mismo

La inteligencia natural del Gallo le lleva a la misma conclusión que los grandes gurús en empresa familiar, aunque el desenlace es creativo buscando la justicia, si quieren conocer el final de la historia les recomiendo regalar esta Navidad la novela EL TESTAMENTO DEL GALLO, disponible en Amazon, escrita por Alfredo Muñiz. 

Si no existen mentes obtusas y tercas, la sensatez se impone al caos si las partes confían en un mediador que los enfoque a centrarse en los intereses comunes para llegar a un acuerdo justo y equitativo.

No obstante, si en el proceso se detectan irregularidades o asuntos turbios, es necesario aclarar los tejemanejes poniendo la verdad sobre la mesa y no ocultando información o manipulando la realidad. Es necesario regularizar los posibles errores del pasado y centrarse en un futuro donde cada uno pueda defender sus intereses y no tenga que doblegarse a las imposiciones del cacique de turno.

La continuidad de la empresa familiar es compatible con el derecho a poder salir de la misma si existen diferencias con la dirección o si se prefiere invertir el patrimonio heredado en otros proyectos empresariales. Cada heredero debería tener libertad para gestionar su dinero como le convenga, sin supeditarse a intereses particulares de partes interesadas en su propio beneficio. La figura del líder siempre debe ser generosa y nunca presidir sociedades con puestos de conveniencias incompatibles con su rango y ejerciendo en beneficio de sus intereses propios.

El testador puede dejar en herencia la legítima, pero el heredero puede hacer uso de esta cómo le venga en gana; vender su participación y reclamar la parte que le corresponda. El gran error es que para llegar a esa legítima se hayan cometido irregularidades prolongadas en el tiempo. El mangante se cree con derecho consuetudinario porque como se lleva haciendo de forma “ilegal” toda la vida pues a seguir con la pantomima…, sin reconocer que cada empresa debe contabilizar sus propios gastos e ingresos de forma independiente, y asumir sus propios costes, más aún cuando las participaciones entre herederos en un grupo familiar son desiguales. Es una cuestión de lógica empresarial y jurídica, lo demás son milongas dignas de repúblicas bananeras.

Negociando la venta al disidente “toca huevos”

Una vez que se regularicen las irregularidades detectadas, se negociara el acuerdo de pago de dichas participaciones, según los intereses de la sociedad y del socio disidente. También se tienen que estudiar las repercusiones fiscales para buscar la mejor fórmula de acuerdo a legislación vigente.

Otra cuestión bien distinta es intentar manipular una situación insostenible que provoca una ruptura familiar y puede ser causa de relevantes sanciones fiscales. Las relaciones entre parientes se vuelven cada vez más tensas, hasta llegar a la guerra jurídica ante las crecientes desigualdades y la lucha de intereses.

El asunto es muy sencillo si se gestiona con profesionalidad. Primero, la sociedad invierte en acciones propias y luego los herederos que lo deseen pueden llegar a compromisos de compra con la empresa. Nada de tergiversaciones ni de locuras ni de extremismos irracionales.

La honradez, trasparencia y claridad se debe imponer a la sinrazón. La compra por la propia sociedad es la gran solución a los conflictos entre herederos incompatibles; siempre con la ayuda de un abogado y un economista que ayuden a valorar y a plasmar el acuerdo en términos legales válidos. Lo demás son egoísmos que no llevan a ninguna parte.

Siempre hay salidas legales, hasta se podría optar a una reducción de capital si se quiere que las distintas ramas familiares lleguen a controlar la sociedad a partes iguales. Aunque no haría falta la reducción de capital si una de las partes interesadas renuncia a la compra, y le otorga el derecho preferente a la otra parte interesada, para mantener de esta forma la proporción en el porcentaje por ramas familiares. Siempre hay soluciones jurídicas, pero hay que confiar en un experto que nos ayude a llevarlas a cabo y apartarse de “trileros” que enredan con medias verdades o engaños.

La última voluntad no significa que se tenga que mantener una situación tóxica en el tiempo que desemboca en infelicidad. Hay que aprender a decidir con amplitud de miras y ver las distintas alternativas que la vida nos brinda. Nunca es tarde para reinventarse, el futuro puede otorgarnos gratas sorpresas si se afronta con ilusión, esfuerzo, corazón y cabeza. Vive hasta el último suspiro y aléjate de los que desprecien tus ilusiones »

Satanás siempre está al acecho: “El amor al dinero es la raíz de todos los males, la codicia provoca extraviarse de la fe y es la causa de muchos dolores”, predica Timoteo en un pasaje bíblico. Informa Alfredo Muñiz.

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Publicado el Ene 10 2023. Archivado bajo Actualidad, El reto, HORECA, Hosteleria, Videos. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0.

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