Sri Lanka, Ayurveda y otros milagros para reconciliarse con la vida (y con el hombro)
Por Alfredo Muñiz
Hay lugares a los que uno llega buscando descanso y otros en los que termina preguntándose por qué demonios no habrá nacido allí. Barberyn Waves pertenece a la segunda categoría. Situado frente al océano Índico, cerca de Weligama, en la antigua Ceilán, este refugio de la cadena Barberyn es uno de esos rincones donde la naturaleza parece haberse puesto de acuerdo con el universo para que hasta el más atribulado de los mortales se olvide, aunque sea por unos días, de sus facturas, sus pleitos, sus desengaños y de ese prójimo que tanto se empeña en complicarle la existencia.
Mi llegada tuvo algo de revelación tropical. Apenas dejé el equipaje, salí a pasear por la playa y descubrí una escena digna de un documental de naturaleza, pero sin narrador de voz solemne ni necesidad de pagar una suscripción televisiva. Las tortugas se acercaban a la orilla para alimentarse de pececillos,mientras los monos saltaban de rama en rama, probablemente mucho más interesados en encontrar comida que en resolver los problemas de la humanidad. Los pájaros, por su parte, ofrecían una banda sonora gratuita y los lagartos recorrían los senderos con la tranquilidad de quien no tiene una reunión de comunidad ni una declaración de Hacienda pendiente.
Por los jardines apareció también un pavo real, luciendo su plumaje con esa suficiencia que caracteriza a quienes están convencidos de que el mundo entero ha venido a contemplarlos. No descarto que fuera el director de relaciones públicas del establecimiento.
Y entonces comprendí que había llegado a un lugar donde la naturaleza no necesita filtros de Instagram para presumir de belleza.
Una recomendación de la lista Forbes
La historia de cómo terminé aquí merece su propio capítulo. Me recomendó este establecimiento un árabe incluido en la lista Forbes, al que conocí durante un viaje por India. Hay recomendaciones que uno escucha con educación y olvida al llegar al aeropuerto; otras conviene anotarlas, especialmente cuando proceden de alguien que parece saber dónde se encuentran los mejores rincones del planeta.
En este caso, acertó de pleno.
Barberyn Waves es un centro especializado en Ayurveda, esa antigua tradición terapéutica india que lleva miles de años recurriendo a plantas medicinales, aceites y hábitos de vida saludables. En Sri Lanka, las prácticas ayurvédicas forman parte de una tradición cultural profundamente arraigada, vinculada históricamente a los monasterios budistas y al conocimiento de la naturaleza.
Aquí no se viene únicamente a dormir en una cama confortable y a contemplar el mar desde una terraza. Se viene a bajar las revoluciones, recuperar hábitos saludables y descubrir que la vida puede transcurrir a un ritmo distinto del que imponen las prisas, los teléfonos móviles y esa costumbre tan extendida de convertir cualquier contratiempo en una tragedia griega.
Mi hombro y yo: una historia de reconciliación
Confieso que llegué con dos objetivos muy concretos. El primero era recuperarme de una intervención quirúrgica del supraespinoso y otros tendones del hombro. Después de la operación, necesitaba un programa de rehabilitación que me ayudara a recuperar movilidad y bienestar.
Tras doce sesiones de tratamiento en el centro, la experiencia ha sido muy positiva. Mi hombro y yo hemos firmado una especie de armisticio, aunque todavía no me atrevería a asegurar que haya aceptado todas las condiciones del acuerdo.
El segundo objetivo era perder algo de peso. También he conseguido avanzar en esa dirección, sin pasar hambre ni someterme a penitencias gastronómicas.
Porque una cosa es cuidarse y otra muy distinta convertirse en mártir de la lechuga.
En Waves se come estupendamente: pescados, frutas, verduras, cereales, pasta y postres deliciosos. Una alimentación saludable que demuestra que cuidarse no tiene por qué ser sinónimo de tristeza culinaria. Eso sí, eché de menos el acompañamiento de una buena copa de vino. La organización apuesta por una alimentación y unas bebidas acordes con su programa de bienestar, de modo que mis tentaciones vinícolas tuvieron que conformarse con los recuerdos.
Menos mal que el zumo natural de mango, los chupitos de guayaba y el agua de coco estuvieron a la altura. El primero se convirtió en uno de mis favoritos; los otros, en un compañero inseparable de mis jornadas tropicales. Otro maridaje recomendado por mi doctora fue la infusión de Hibiscus para las cenas. Al final, uno descubre que puede sobrevivir sin vino, aunque tampoco conviene convertir semejante hallazgo en una doctrina universal.
La agenda de un desocupado profesional
Mis mañanas adquirieron una rutina que recomiendo a quienes estén cansados de vivir pendientes del reloj.
Primero, yoga. Después, un buen desayuno y un paseo de media hora por la playa. A continuación, otros sesenta minutos entre las aguas turquesas del océano y la piscina, con esas vistas que recuerdan a las famosas infinity pools, donde parece que el agua se funde con el horizonte.
El único inconveniente de semejante programa es que uno termina acostumbrándose peligrosamente a la buena vida.
A media mañana, después del té con un tentempié,todavía quedaba tiempo para disfrutar del sol antes del almuerzo. Y entre una actividad y otra, los jardines ofrecían su propio espectáculo: monos saltarines, pájaros cantarines, lagartos con vocación de velocistas y el mencionado pavo real, siempre dispuesto a demostrar que la discreción no figura entre sus virtudes.
Todo ello rodeado de árboles, vegetación tropical y rincones donde el silencio se convierte en un lujo auténtico.
En ocasiones, la mayor sofisticación consiste precisamente en no hacer nada. O, como mucho, cambiar de hamaca.
Ayurveda: la sabiduría de las plantas y el arte de parar
Barberyn Waves combina alojamiento confortable con un centro de salud especializado en Ayurveda. El complejo dispone de instalaciones dedicadas a los tratamientos, un restaurante con vistas al mar, espacios para yoga y meditación, gimnasio, piscinas, salón de belleza y actividades relacionadas con la alimentación saludable.
Entre las experiencias se encuentran los masajes, las aplicaciones de compresas medicinales, los baños de hierbas y la acupuntura, siempre dentro de los programas que correspondan a cada huésped y bajo la orientación de los profesionales del centro.
Los jardines medicinales, los materiales naturales y la decoración contribuyen a crear una atmósfera de serenidad. La madera, los tejidos de algodón y seda, los encajes artesanales y las piezas artísticas aportan personalidad a un establecimiento donde la estética también parece tener algo que decir sobre el bienestar.
Destaca la influencia creativa del artista Laki Senanayake, presente en distintos elementos del diseño y en la relación entre los espacios interiores y la naturaleza.
Las habitaciones son amplias y confortables, con terrazas privadas desde las que contemplar el océano desde la hamaca personal. Una invitación al descanso que puede resultar peligrosa para quienes tengan la mala costumbre de comprobar el correo electrónico cada cinco minutos.
La cobertura de wifi encuentra disponible en las habitaciones y áreas comunes, pero puedes practicar la desconexión digital en las terrazas y los jardines,de modo que nadie está obligado a romper definitivamente con la civilización: basta con concederle unas horas de vacaciones.
Y quizá ahí resida uno de los grandes atractivos de este lugar. En un mundo en el que todos quieren saber dónde estás, qué haces, qué comes y con quién te reúnes, desaparecer un rato del radar constituye casi un acto revolucionario.
El lujo de no tener nada urgente que hacer
Al caer la tarde, el océano cambia de color y los pescadores y surfistas se convierten en protagonistas de una nueva escena. Las puestas de sol invitan a detenerse, respirar y recordar que existen asuntos bastante más importantes que contestar inmediatamente a un mensaje.
Después, un baño relajante en la piscina y una cena acompañada de música en directo ponen el broche a la jornada.
Mi recomendación particular es reservar unos minutos para mirar el cielo por la noche. Las estrellas ofrecen un espectáculo extraordinario y, además, no exigen comprar una entrada, hacer cola ni soportar a nadie que se levante constantemente para grabarlo todo con el móvil.
En ese instante, con el rumor del mar como telón de fondo, uno comprende que desconectar no significa huir de la vida, sino regresar a ella con otra perspectiva.
Excursiones para quienes no pueden estarse quietos
Aunque Waves invita a quedarse en sus instalaciones, Sri Lanka ofrece numerosos lugares que merecen una visita. Cerca de la zona pueden organizarse excursiones a Matara, al templo de Veherahena, al faro y al templo de Dondra o a Galle, cuyo antiguo fuerte holandés conserva un atractivo histórico excepcional.
También hay mercados, bazares y pueblos que permiten descubrir la vida cotidiana del país, así como propuestas para conocer plantaciones de té y otros paisajes de esta isla del océano Índico.
Sri Lanka, la antigua Ceilán, es un territorio de contrastes: bosques tropicales, playas, llanuras, montañas, templos budistas y ciudades históricas. Desde las antiguas ruinas de Anuradhapura hasta la impresionante ciudadela de Sigiriya, su patrimonio cultural invita a prolongar el viaje mucho más allá de la hamaca.
Eso sí, recomiendo organizar las excursiones sin convertir las vacaciones en una competición por acumular fotografías. Para eso ya están los coleccionistas de destinos, esos viajeros capaces de visitar quince lugares en dos días y regresar a casa necesitando otras vacaciones para recuperarse.
Un paraíso con ofertas que también ayudan a sanar el bolsillo
El lujo suele venir acompañado de una factura capaz de devolvernos bruscamente a la realidad. Por eso conviene consultar las tarifas y las promociones de Barberyn Waves, especialmente durante determinadas fechas de temporada baja, cuando pueden encontrarse condiciones más convenientes.
Mi consejo es reservar con anticipación y comprobar directamente con el establecimiento qué programas, tratamientos y ofertas están disponibles para las fechas elegidas. Algunas temporadas tienen bastante demanda y merece la pena organizar la escapada con tiempo.
Porque descansar está muy bien, pero hacerlo sin que la tarjeta de crédito necesite después su propio tratamiento ayurvédico es todavía mejor.
Mi veredicto: volvería con los ojos cerrados
Después de mi experiencia, Barberyn Waves me parece un refugio extraordinario para quienes buscan combinar descanso, naturaleza, gastronomía saludable y tratamientos de bienestar en un entorno privilegiado.
He disfrutado de sus jardines, de las piscinas frente al océano, de sus desayunos, de los paseos por la playa y de la compañía inesperada de monos, tortugas, pájaros y lagartos. También he encontrado una rutina que me ha permitido centrarme en mi recuperación física y dedicar tiempo a algo que solemos olvidar entre obligaciones: cuidarnos.
¿Es el mejor balneario de Sri Lanka? Cada viajero tendrá sus preferencias, pero Waves tiene argumentos de sobra para figurar entre los grandes refugios ayurvédicos de la isla.
Yo llegué buscando rehabilitar un hombro y desconectar de los problemas cotidianos. Me marcho con una experiencia muy positiva, unos kilos menos y la sospecha de que los monos de los jardines viven bastante mejor organizados que muchos seres humanos. Ellos no parecen preocuparse por el futuro, no discuten por herencias y, cuando tienen hambre, van directamente al grano. Quizá deberíamos aprender algo de su filosofía.
BARBERYN WAVES: un refugio de Ayurveda frente al océano Índico, donde el cuerpo encuentra cuidados, la mente baja el volumen y hasta las preocupaciones parecen perder cobertura.
Y si algún día me preguntan dónde me gustaría perderme unos días, ya tengo la respuesta. Eso sí, la próxima vez procuraré que mi hombro, mis preocupaciones y mi tarjeta de embarque estén todos de acuerdo.
Informa: Alfredo Muñiz
Más experiencias y vídeos de este viaje en Instagram: @eltestamentodelgallo.


