Tamara Falcó, el Rosario y el amor conyugal: ¡que Dios bendiga el matrimonio y que no falte la oración antes de dormir!
por Alfredo Muñiz
Tamara Falcó ha decidido que el matrimonio no puede dejarse exclusivamente en manos del amor, la paciencia y la convivencia. Hay que contar también con asistencia celestial. Por eso, cada noche practica la oración de amor conyugal y reza el Rosario. Una rutina espiritual que, bien organizada, podría convertirse en el nuevo protocolo de mantenimiento matrimonial.
La fórmula tiene su lógica: pedir a Dios que proteja el matrimonio, conceda paciencia, ayude a perdonar y mantenga viva la complicidad entre los esposos. Porque compartir la vida es maravilloso, pero compartirla todos los días exige algo más que una buena decoración, una despensa surtida y vacaciones en lugares paradisíacos.
La oración de amor conyugal viene a ser una especie de revisión técnica del matrimonio: comprobar que funcionan el respeto, la fidelidad, la comprensión y la generosidad. Y, si aparece alguna avería doméstica, encomendarse al Altísimo antes de que la discusión termine en una reunión extraordinaria del consejo de administración familiar.
Eso sí, cabe preguntarse si la plegaria incluye también algunas peticiones de emergencia: «Señor, dame paciencia cuando mi marido deje los calcetines fuera del cesto»; «ilumíname cuando no sepa qué restaurante elegir» o «concédenos serenidad cuando llegue la factura de las vacaciones».
Porque el amor conyugal tiene mucho de espiritual, pero también bastante de intendencia.
En cualquier caso, Tamara parece haber encontrado una fórmula para combinar fe, matrimonio y vida social. Mientras unos recurren a terapeutas, otros a libros de autoayuda y algunos a cambiar de pareja, ella prefiere elevar sus plegarias.
Quizá el secreto de un matrimonio duradero no esté solamente en encontrar a la persona adecuada, sino en aprender a soportarla cuando se acaba la luna de miel. Y, si además se cuenta con una pequeña ayuda del cielo, mejor que mejor.
Moraleja: en el matrimonio hay que poner amor, paciencia, sentido del humor y, por si acaso, una línea directa con el departamento de atención al cliente del cielo. ¡Que después de la boda empieza la verdadera prueba de fe!


