CHOCOLATE NEGRO: LA RECETA CARDIOLÓGICA QUE CONVIERTE CADA ONZA EN UNA EXCUSA PARA PECAR

CHOCOLATE NEGRO: EL MILAGRO CARDIOLÓGICO QUE ESTABAN ESPERANDO LOS GOLOSOS

por Alfredo Muñiz

La ciencia descubre que el chocolate negro con más del 70 % de cacao puede ser beneficioso para el corazón. Los golosos ya están preparando su propia interpretación de los resultados: barra libre de chocolate y que sea lo que Dios quiera.

Hay noticias científicas que alegran el día, descubrimientos que cambian el rumbo de la humanidad y estudios que deberían ser declarados de interés nacional por el Ministerio de la Felicidad. Entre estos últimos figura la investigación que apunta a los posibles beneficios cardiovasculares del chocolate negro rico en cacao. Por fin, una buena noticia para quienes llevan toda la vida mirando una tableta de chocolate con la misma culpabilidad con la que un político contempla una comisión de investigación.

La ciencia habla de los flavanoles del cacao, unos compuestos vegetales que podrían favorecer la salud de los vasos sanguíneos. Y basta con que aparezca la palabra beneficioso para que algunos ciudadanos, expertos en interpretar los estudios científicos según sus intereses, se lancen a sacar conclusiones precipitadas.

Porque una cosa es leer que el chocolate negro, consumido con moderación, puede tener efectos favorables, y otra muy distinta entender que el corazón acaba de recibir una licencia para delinquir contra el organismo.

El goloso profesional ya tiene su particular hoja de ruta nutricional.

Desayuno: chocolate con churros. Los churros, naturalmente, no cuentan. Son simples elementos decorativos que acompañan al tratamiento cardiovascular.

A media mañana: unas onzas de chocolate negro al 85 %. No por gula, faltaría más, sino porque hay que mantener los niveles de flavanoles. La ciencia exige sacrificios.

Almuerzo: tarta de chocolate. Si alguien protesta por la cantidad de azúcar, se le explica que está demostrando una preocupante falta de sensibilidad hacia los avances de la investigación médica.

Merienda: un bocadillo de chocolate. Aquí conviene utilizar pan integral, para que la conciencia se quede tranquila mientras el resto del organismo intenta comprender qué está sucediendo.

Cena: unas galletas de chocolate, rematadas con varias onzas de chocolate negro. Y a dormir con la satisfacción de quien cree haber engañado a la naturaleza gracias a un artículo leído en internet.

El problema llega cuando el ciudadano confunde el cacao con una bula papal para comer sin medida. Porque el chocolate negro también contiene grasas y aporta bastantes calorías. Y no basta con que el envoltorio anuncie un 85 % de cacao para que una tableta entera se transforme, por arte de magia, en una receta médica.

Además, los beneficios potenciales de los flavanoles no significan que cualquier producto de chocolate prevenga los infartos ni que sustituya una alimentación equilibrada. La investigación cardiovascular es bastante más compleja que una merienda con cobertura.

Pero explíqueselo usted a quien acaba de descubrir que su vicio favorito podría tener propiedades saludables. Ese ciudadano ya no come chocolate: se somete a un tratamiento preventivo de alta especialización, con seguimiento personalizado y repetición de dosis a demanda.

Dentro de poco veremos consultas médicas en las que el paciente, en lugar de preguntar por el colesterol, acudirá con una tableta bajo el brazo.

—Doctor, ¿cuánto chocolate puedo tomar?

—Con moderación.

—Perfecto. ¿Y dónde está escrito que moderación signifique menos de media tableta?

El médico suspirará. El paciente sonreirá. Y la industria chocolatera, mientras tanto, estará redactando una campaña publicitaria que convertirá cada bombón en un pequeño ángel de la guarda coronario.

No faltará quien justifique la tercera porción de tarta alegando que está cuidando su salud. Otros se comprarán chocolate negro del más caro, con envoltorio de lujo y nombre impronunciable, convencidos de que las calorías se vuelven aristocráticas cuando el cacao procede de un origen exótico.

Y siempre habrá algún gurú de las redes sociales dispuesto a explicar que el chocolate es el nuevo secreto de la longevidad, preferiblemente mientras sostiene una tableta ante la cámara y enlaza un código de descuento.

La moraleja es sencilla: si el chocolate negro puede formar parte de una alimentación saludable, disfrutémoslo. Pero no convirtamos una investigación prometedora en una excusa para desayunar como un emperador, merendar como un pastelero y cenar como si mañana cerraran todas las chocolaterías del país.

Porque quizá el cacao ayude a cuidar el corazón, pero no se ha demostrado que pueda protegernos de las consecuencias de confundir una onza con una barra entera.

Y, aunque el corazón agradezca ciertos compuestos del cacao, la báscula no suele tener el mismo sentido del humor.

En definitiva, el chocolate negro puede ser un placer con posibles beneficios. Lo que no puede ser es una patente de corso para la gula.

Aunque, conociendo al personal, más de uno ya estará pensando que, si el chocolate alarga la vida, lo sensato es empezar cuanto antes… y no dejarlo nunca.

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