El testamento de Sánchez: diez canciones y una factura
por Alfredo Muñiz
Hay presidentes que dejan obras. Otros dejan reformas. Pedro Sánchez corre el riesgo de dejar algo mucho más original: una playlist económica y una factura para que la pague el siguiente.
La Razón resume la herencia en diez pecados capitales: deuda, pensiones, empleo, poder adquisitivo, competitividad, gasto público, financiación autonómica, impuestos, electricidad y vivienda.
Diez problemas. Diez canciones. Y un país haciendo cuentas con la calculadora en una mano y el rosario en la otra.
Deuda — «A quién le importa», Alaska
La deuda puede acercarse a los 1,8 billones de euros.
A Sánchez quizá no le quite el sueño.
Al próximo ministro de Hacienda, seguramente sí.
La deuda tiene una virtud: nunca olvida.
Pensiones — «Resistiré», Dúo Dinámico
La Seguridad Social necesita el auxilio del Estado para sostener las pensiones.
Resiste el sistema, resisten los pensionistas y resiste el discurso.
La que empieza a no resistir es la calculadora.
Empleo — «Trabajar es un placer», Luis Aguilé
Las estadísticas pueden sonreír mientras muchos jóvenes siguen mirando el mercado laboral como quien mira el escaparate de una joyería:
bonito, pero imposible de comprar.
Poder adquisitivo — «Cuesta abajo», María Jiménez
Sube el sueldo.
Sube la compra.
Sube el alquiler.
Sube la luz.
Y baja el ciudadano.
Concretamente, baja al cajero.
Competitividad — «¡Que viva España!», Manolo Escobar
España tiene sol, talento, turismo y empresarios capaces de sobrevivir a casi todo.
Falta que producir aquí no sea una carrera de obstáculos.
Que viva España. Pero que produzca.
Gasto público — «La vida sigue igual», Julio Iglesias
Más gasto, más deuda o más impuestos.
La aritmética tiene una costumbre antipática: no vota, pero siempre acaba teniendo razón.
Financiación autonómica — «Mediterráneo», Serrat
Diecisiete comunidades.
Diecisiete intereses.
Una tarta.
Y todos quieren la ración grande.
El sudoku autonómico amenaza con convertirse en el Rubik de la próxima legislatura.
Impuestos — «Hacienda somos todos»
Canción imaginaria, pero perfectamente conocida:
trabaja → paga; consume → paga; ahorra → paga; hereda → paga.
La Hacienda pública tiene más seguidores que Rosalía.
Electricidad — «¡Qué noche la de aquel día!», Los Brincos
Después del apagón, sólo falta que la transición energética consista en pasar del frigorífico a la nevera portátil.
España necesita energía barata, segura y abundante. No una gymkana eléctrica.
Vivienda — «No puedo vivir sin ti», Coque Malla
Comprar una casa parece misión imposible.
Alquilarla, otra.
Y emanciparse, ciencia ficción.
El problema ya no es encontrar vivienda: es encontrar sueldo para pagarla.
Y ahora, la canción del final
Se acaba la legislatura.
Se abre la puerta de La Moncloa.
Sale Sánchez.
Entra quien gane las elecciones.
Sobre la mesa queda una carpeta:
«HERENCIA. NO TOCAR SIN CALCULADORA».
Dentro: deuda, pensiones, impuestos, vivienda, energía, gasto público y un sudoku autonómico.
Encima, una nota:
«Todo está bajo control».
El nuevo presidente la lee.
Mira las cuentas.
Mira al ministro de Hacienda.
Y pregunta:
—¿Quién paga la fiesta?
Silencio.
Porque ésa es la gran genialidad del poder: uno inaugura la fiesta y otro recibe la factura.
Sánchez podrá dejar La Moncloa.
Podrá dejar el despacho.
Podrá dejar el Falcon.
Podrá dejar los discursos.
Pero hay algo que no podrá dejar en herencia: la responsabilidad política de lo que haya dejado detrás.
Porque los presidentes pasan.
Los eslóganes se olvidan.
Las promesas caducan.
Pero la deuda cobra puntualmente.
Y cuando llegue la hora de pagar, Hacienda no preguntará quién ganó las elecciones.
Preguntará algo mucho más sencillo:
«¿Quién estuvo de fiesta?»
En conclusión, Sánchez nos dejará como herencia una playlist que nadie aceptará a beneficio de inventario ….


