Por Alfredo Muñiz
Ceuta se ha convertido en el gran culebrón político de temporada. Y no es para menos: frontera, inmigración, Marruecos, informes contradictorios y un Gobierno obligado a dar explicaciones.
Pero la política tiene una vieja ciencia: cuando el foco apunta a un problema, todo lo demás queda en penumbra.
Y mientras Ceuta ocupa portadas, tertulias y hemiciclos, otros asuntos que afectan al entorno presidencial siguen su camino judicial: el procedimiento que afecta a Begoña Gómez y la situación judicial del hermano del presidente.
¡Qué casualidad tan inoportuna para unos y tan oportuna para otros!
No hace falta afirmar que nadie haya diseñado una cortina de humo. Eso sería atribuir intenciones sin pruebas. Basta observar el resultado: cuando toda España mira hacia Ceuta, resulta bastante más difícil que mire simultáneamente hacia los juzgados de Madrid.
Quevedo habría dicho que en Moncloa no necesitan esconder el bosque: les basta con plantar delante un árbol suficientemente grande.
Y Ceuta, esta vez, tiene tamaño de secuoya.
Porque una cosa es segura: los problemas judiciales no desaparecen porque cambien los titulares. Solo esperan turno.


