Cuando el buen yantar pone la guinda a la excursión

por  Susana Ávila

Hace unos días hacía un recorrido por Las Merindades, comarca de singular belleza, donde los frondosos bosques, y profundos valles no son sino el resultado de la erosión que durante siglos y siglos ha experimentado un terreno kárstico surcado por cantarines ríos, que han recreado un escenario en el que presentar y representar la película de los orígenes de nuestra historia: porque allí, señoras y señores, nació Castilla.

Incido en el tema que contaba hace unos días, pero hoy quiero resaltar un rincón en el que el buen yantar no desmerece nada del paisaje, es más, lo mejora. Porque no hay como completar un día de excursión con una buena comida.

Se trata del pueblo de Cigüenza –no confundir con el más conocido que cambiando una sola letra le desplaza hasta Guadalajara– donde un restaurante, anejo a una casa rural, brinda comida casera de la buena. Simplemente, judías verdes y carne guisada, por citar un primero y un segundo, que hacen recordar sabores del pasado, cuando mamá guisaba y cuando la materia prima era otra.

Su dueña Ana Mari, que salió de la cocina para preguntar a los comensales si todo estaba de su gusto. Contó que se trata de una empresa familiar que ya ha recorrido cuatro generaciones. La fundaron sus padres; allí trabajaron sus hermanas y ahora la dirige ella ayudada por sus hijos, tras los que aparece una sucesora en ciernes, porque su nieta ya promete… y mucho.

Apuesta por productos kilómetro 0. Tiene huerto y ganadería propios que sacan adelante con un tratamiento estrictamente ecológico y eso se nota en el resultado final. Qué decir de los postres: natillas, cuajada… todo, todo casero. No podía ser de otra manera.

El caso es que fue un reconfortante alto en el camino para seguir descubriendo rincones de esta bella comarca castellana.

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