Cayetano, el teléfono de Sánchez y la línea caliente de Ceuta
por Alfredo Muñiz
En la crisis de Ceuta ya solo faltaba un ingrediente: Cayetano Martínez de Irujo haciendo de operador de centralita entre La Moncloa y el Tercio Duque de Alba.
La propuesta tiene ese aroma inconfundible de las soluciones españolas de emergencia: cuando todo se complica, alguien aparece diciendo aquello de «esto con un buen tercio se arregla». Y, efectivamente, Cayetano ha puesto sobre la mesa al Tercio Duque de Alba 2.º de La Legión, unidad con base en Ceuta y al mando del coronel Cayetano José Martínez Alonso.
Eso sí: conviene separar al Cayetano aristócrata del Cayetano coronel, porque en esta historia hasta los apellidos parecen haber solicitado un parte de inteligencia.
Pero aquí surge el verdadero problema nacional: ¿cómo consigue Cayetano hablar con Pedro Sánchez si ya no tiene su teléfono?
Porque, según la divertida hipótesis que circula en esta crónica, Cayetano tenía el número presidencial antes de que apareciera Pegasus en escena. Después, misterio. El teléfono desapareció de la agenda, como desaparecen algunas explicaciones gubernamentales cuando llega la hora de comparecer en el Congreso.
Y ahí comienza la odisea.
Primera opción: llamar a La Moncloa.
—Buenos días, quisiera hablar con el presidente.
—¿Tiene cita?
—No.
—¿Es usted ministro?
—No.
—¿Socio parlamentario?
—Tampoco.
—¿Tiene un informe que diga que no sabía nada?
—Todavía no.
Cuelgue, por favor.
Segunda opción: escribirle un WhatsApp.
Pero aparece el problema de siempre: el doble check azul.
Cayetano manda: «Presidente, tengo una idea para Ceuta».
Nada.
Cinco minutos.
Nada.
Una hora.
Nada.
Dos horas.
Y finalmente aparece la respuesta automática:
«Este usuario ha cambiado de número.»
Ahí Cayetano comprende que la solución no está en la telefonía, sino en la alta diplomacia.
Así que decide mandar un emisario.
Pero ¿quién?
¿Marlaska? Demasiado ocupado explicando lo inexplicable.
¿Margarita Robles? Podría ser. De hecho, la ministra ha visitado recientemente a las unidades de la Legión en Ceuta y ha afirmado que cualquier agresión contra Ceuta y Melilla afecta a España en su conjunto.
¿Rufián? Imposible: antes habría que explicarle si Marruecos está ayudando a la derecha, a la izquierda, al Gobierno o a todos simultáneamente.
Finalmente Cayetano encuentra la solución más sencilla:
mandarle una carta al presidente.
Título:
«Estimado Pedro: no te encuentro por el móvil, así que te escribo antes de que Pegasus vuelva a hacer de secretario de Estado.»
Y dentro, una propuesta muy española:
«Pedro, deja por un momento el teléfono, los informes, las teorías internacionales y la calculadora electoral. Mira hacia Ceuta. Allí tienes a la Legión, a las Fuerzas Armadas y a miles de ciudadanos que necesitan que el Estado esté presente.»
Porque mientras en Madrid se discute quién avisó, quién sabía, quién no sabía y quién sabía que no sabía, Ceuta sigue esperando soluciones.
Y el presidente, entretanto, podría recuperar el teléfono de Cayetano por un procedimiento revolucionario: llamándolo él primero.
Aunque existe un pequeño inconveniente.
Que alguien tendría que darle a Sánchez el número nuevo.
Y ahí, señores, empieza otra crisis de Estado.
La crisis del teléfono que no estaba.
Porque en España podemos perder una frontera, un informe, una previsión o una explicación…
pero nunca perdemos la capacidad de montar una comisión para averiguar dónde estaba el móvil.


