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La guerra de Pesquera desemboca en el proyecto Fernández Rivera con nietas incluidas

Paloma Barrientos es una maestra del periodismo de sociedad; inteligente, incisiva y con suficientes recursos para destapar la realidad del “Falcon Crest” español. La periodista fue invitada a un almuerzo de “Pesquera” donde se presentaron las nuevas líneas de trabajo, los cambios de etiquetado, la expansión comercial y los planes de desarrollo del grupo “Fernández Rivera”, hasta ahora conocido como “Pesquera”, según explica en su crónica de Vanitatis.

En esta ocasión, Barrientos peca de prudencia, sigilo y sumo respeto hacia el clan disidente. En ningún momento emite su opinión, ni tan siquiera formula preguntas incómodas. Ella que domina como nadie el arte de la ironía… No encaja que no ponga en aprietos a las herederas díscolas ante las circunstancias judiciales. Una leona del periodismo como Paloma Barrientos muestra un estilo que se asemeja más a una nota de prensa de la bodega para anunciar su nueva etapa comercial.

La gran pregunta es: ¿se han cargado las herederas la prestigiosa marca Pesquera?

Entiendo que no se puede embotellar Pesquera con denominación de origen Ribera del Duero. ¿Se podrá embotellar con denominación de origen Castilla-León o simplemente como vino de mesa?, ¿a cuánto ascienden las pérdidas provocadas por la falta de entendimiento entre las partes?, ¿apuesta la flamante estrategia del grupo por nuevas marcas comerciales?, ¿existe una denuncia del fundador contra dichas marcas comerciales?

¿Cuáles son las verdaderas razones del desencuentro familiar?

En la saga no existen problemas financieros, ni graves conflictos que no puedan arreglarse mediante el diálogo. El grupo obtuvo un beneficio de 4,48 millones de euros en el último ejercicio auditado, entendemos 2017. En la última junta de accionistas Alejandro Fernández propuso el reparto de los mismos entre los socios como dividendo. Sin embargo, la mayoría del 50,14% decidió destinarlos a reservas voluntarias.  Los accionistas que han tomado el control son: LucíaOlga y Mari Cruz Fernández, junto a su madre, Esperanza Rivera.

Barrientos nos cuenta que las hijas díscolas se encuentran “superafectadas” por el distanciamiento con su progenitor al que han despedido de la empresa que fundó. El patriarca ya no tiene control sobre su imperio, además al rey destronado se le impide entrar en su bodega. Pese a las circunstancias, el encuentro finaliza con un brindis por el fundador del imperio. En un homenaje donde el protagonista está ausente; probablemente reunido con sus abogados para emprender la guerra judicial contra las hijas que brindan por él.

Por otro lado, las accionistas disidentes argumentan que su padre ya es muy mayor, echan la culpa de todo a sus 86 años de edad. Manifiestan dolor, falta de comunicación y malas influencias de terceros. “Es una situación complicada donde hay personas que, en vez de tender puentes, hacen lo contrario”. ¿A quién se refieren?, ¿a los abogados del padre?, ¿qué ocurre con Eva, la única hermana que apoya a Alejandro Fernández, fundador y alma de Bodegas Pesquera?

Para rematar, Lucía, Olga y Mari Cruz presentan en sociedad a parte de la tercera generación de la saga. Algunas de las nietas del fundador ejercen en una división de los negocios vinícolas en proyectos supuestamente de nueva creación. Hay quien afirma, que Alejandro está enfadado desde que ficharon al nuevo gestor que apartó de la dirección a su hija Eva, la enóloga …. ¿Quién es ese directivo en la sombra?, ¿qué cargos ocupan las nietas del fundador?

“Se nos rompe el alma con este distanciamiento”, manifiestan las hijas díscolas. Aunque en la crónica de Paloma Barrientos no nos enteramos tampoco de quién es la portavoz de las díscolas.

¿Es Olga la líder familiar del grupo?

Uno de los conflictos surgió porque la exmujer de Alejandro, Esperanza, destapó la existencia de un supuesto contrato en el que se arrendaba los viñedos a su hija Olga por un periodo de diez años por un precio de 130.344 euros. La Fiscalía denuncia a la exmujer y a su hija Olga por una maniobra para echar a Alejandro Fernández del grupo. Por lo visto, como partícipe de una sociedad de gananciales suspendida por la separación de hecho, Esperanza no podía suscribir un contrato de arrendamiento de inmuebles por 10 años, por el exiguo precio pactado y con exclusión jurídica, física y económica de Alejandro Fernández.
La Fiscalía de Valladolid sostiene que “es un contrato simulado con el fin de construir un instrumento jurídico que excluyera la Tarjeta de Viticultor de Alejandro Fernández, con el fin de conseguir otra a nombre de Olga Fernández Rivera que permitiera recoger la cosecha del año 2018 y su comercialización en las bodegas del Grupo Pesquera bajo la Denominación de Origen Ribera del Duero”.

Por tanto, según la denuncia el contrato es supuestamente falso y está manipulado, puesto que la fecha que consta no se corresponde con la de los documentos públicos que lo acompañan y que habrían sido expedidos en meses posteriores. Raro, raro, raro, como diría Papuchi, el padre de Julio Iglesias, ambos amantes del tinto Pesquera.

¿Existe un protocolo familiar consensuado por el clan?

Confieso que me encantaría ejercer de mediador familiar en el conflicto. Me entristece ver cómo se cargan bodega Pesquera y cómo padre e hijas se enfrentan en unos juicios en los que solo van a ganar dinero los abogados. “Un acuerdo siempre es mejor que un pleito”, aprendí cuando estudié el Máster en Empresa Familiar.

En mi humilde opinión de economista, desde la distancia y el desconocimiento de los detalles relevantes del caso, considero que para llegar a un acuerdo todos tienen que ceder en parte de sus pretensiones. Se necesita generosidad, expertos en mediación, sensatez y mucho diálogo, incluso recomiendo psicólogos de refuerzo que tendrían que realizar un trabajo primero individual y luego en familia; ese camino suele ser el mejor antídoto contra la guerra jurídica. Se necesitaría llegar a la firma de un protocolo familiar que evite la situación actual.

Otra alternativa sería la venta a terceros, quizá hubiera sido la opción más rentable hace un par de años …

Mi padre conoció a Alejandro Fernández en sus buenos tiempos. El pasado verano visitamos Ribera del Duero y estuvimos a punto de llamarlo, nos acordamos de él, pero por prudencia no le molestamos. Entonces, mi progenitor me transmitió la pasión de Alejandro por llegar a acuerdos con clientes, su pasión por alcanzar la excelencia en sus caldos, en definitiva su pasión por el negocio. Ahora a sus 86 años, podrá tener errores pero esa pasión por sus viñedos continúa latente como demuestra en la guerra con sus hijas. La vida es el arte de lo posible. Desconozco el proyecto Fernández Rivera, tan solo deseo lo mejor para el grupo Pesquera. Amén. Informa Alfredo Muñiz.

Relacionado: Bodegas Pesquera: ¿tres hijas y una madre, cuatro diablos para un padre?

Publicado el Abr 6 2019. Archivado bajo Actualidad, Gastrocotilleo, HORECA, Hosteleria. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0.

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