Casa Camacho: un viaje al sabor de la Asturias de siempre

Donde el tiempo se detiene: cocina asturiana en Casa Camacho

Hay lugares que están llenos de recuerdos, capaces de transportarnos a otras épocas. Espacios donde el tiempo parece detenerse y la memoria se activa en cada detalle. Eso es lo que ocurre al cruzar la puerta de Casa Camacho, en el pequeño pueblo asturiano de Anieves.

La experiencia comienza casi como un viaje al pasado: una casa donde la televisión era en blanco y negro y las sobremesas se alargaban sin prisas, sin móviles, solo con conversación. Tras atravesar el bar, el recorrido nos lleva directamente a la cocina, corazón del hogar, donde Teresa y su marido nos reciben con la calidez de quienes entienden la hospitalidad como una forma de vida.

Nos acomodan en una mesa junto a un piano, rodeados de recuerdos familiares: cucharillas de nácar para el caviar, un antiguo mapa escolar de España, las lámparas de la abuela, junto a pequeños detalles que construyen una atmósfera íntima y auténtica.

El almuerzo comienza con un pincho de tortilla como aperitivo. Poco después llega uno de los grandes protagonistas: los callos caseros con patatinas fritas, pequeños, melosos, con esa textura untuosa y gelatinosa que solo se consigue mediante una cocción lenta, como la de antes. Ligeramente picantes, reflejan el saber hacer de Teresa Camacho, miembro del prestigioso club de las Guisanderas de Asturias.

A continuación, se sirve un contundente pote asturiano, acompañado de un generoso compango casero, en una receta que resume la esencia de la cocina tradicional. Todo resulta sabroso, honesto y profundamente reconfortante.

Mi acompañante, Carlos Guardado, experto gastrónomo especializado en potes, no oculta su entusiasmo.

El almuerzo culmina con un excelente postre casero: un cremoso yogur con cítricos y frutos del bosque, ligero y equilibrado. Para acompañar, no falta la sidra asturiana, seguida de un cafetín que prolonga la sobremesa.

Imaginamos a los padres de Teresa disfrutando aún de este lugar, como si nunca se hubieran marchado. El alma de Conchita sigue presente en la cocina, guiando cada gesto, cada receta; es como si, orgullosa, otorgara a su hija guisandera un sobresaliente silencioso.

En Casa Camacho, la cocina no solo alimenta: cuenta historias.

Informa: Alfredo Muñiz

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