Hay coches que pasan a la historia por sus prestaciones, otros por su elegancia y algunos por los kilómetros recorridos. Pero el Peugeot de Pedro Sánchez amenaza con inaugurar una nueva categoría automovilística: vehículo histórico con demasiados pasajeros pendientes de dar explicaciones ante la Justicia.
por Alfredo Muñiz
Aquel coche que simbolizó la reconquista del PSOE y el viaje hacia La Moncloa se ha convertido, según la crónica política de estos días, en una metáfora de las turbulencias que afectan al círculo de confianza del presidente.
Ábalos, Koldo, Cerdán y ahora otros nombres que aparecen en las investigaciones judiciales. Lo que empezó como una aventura política entre compañeros de carretera ha terminado convirtiéndose en una sucesión de estaciones judiciales. Eso sí, conviene recordar que estar investigado no equivale a estar condenado: la Justicia tiene sus tiempos y cada cual debe responder por sus propios actos.
El Peugeot parece haber tenido un problema de mantenimiento: demasiadas piezas del equipo original necesitan pasar por el taller de los tribunales.
Y mientras algunos antiguos compañeros de viaje se enfrentan a procedimientos judiciales, Adriana Lastra aparece en esta historia como una figura políticamente desplazada. Según la información publicada en La Razón, su enfrentamiento con Santos Cerdán terminó con su salida de la dirección de Ferraz. Una paradoja digna de estudio: quien participó en la reconquista del liderazgo socialista acabó fuera del núcleo de poder mientras otros conservaban sus posiciones.
¿Y cuáles pueden ser las consecuencias políticas?
La pregunta ya no es solamente quién conocía a quién, quién viajaba en aquel Peugeot o quién ocupaba cada despacho. La cuestión de fondo es si el presidente puede mantener intacta su autoridad política mientras se multiplican las investigaciones sobre personas que formaron parte de su círculo de confianza.
En plena precampaña electoral, el calendario judicial y el electoral se han cruzado de una manera especialmente incómoda. La nueva operación de la UCO, con seis detenciones y registros en varias provincias, vuelve a colocar el caso Koldo en el centro de la actualidad.
Las consecuencias pueden desarrollarse en cuatro frentes:
- Desgaste de credibilidad: cada nueva investigación obliga al PSOE a dar explicaciones sobre sus mecanismos de control y la selección de sus responsables.
- Presión parlamentaria: la oposición dispone de nuevos argumentos para exigir responsabilidades y explicaciones políticas.
- Tensión interna: las investigaciones pueden reabrir disputas dentro del partido y alimentar las diferencias entre quienes respaldan la actual dirección y quienes reclaman cambios.
- Incertidumbre electoral: los escándalos pueden condicionar el debate de campaña, aunque su efecto real dependerá también de la economía, los servicios públicos, los candidatos y las propuestas de cada formación.
Hay, además, una distinción fundamental: las condenas de Ábalos y Koldo corresponden a hechos acreditados judicialmente en el caso de las mascarillas; otras personas mencionadas en las nuevas diligencias están en distintas situaciones procesales. No cabe atribuir responsabilidad penal a Pedro Sánchez por los delitos de terceros sin pruebas y una resolución judicial que así lo establezca.
El desenlace: ¿quién conducía realmente el Peugeot?
La política tiene una memoria peculiar. Cuando un equipo alcanza el poder, todos quieren aparecer en la fotografía de la victoria. Cuando llegan los problemas, las fotografías empiezan a desaparecer de los despachos.
El Peugeot de las primarias de 2017 se ha convertido en una metáfora de aquella expedición política: algunos pasajeros han terminado condenados, otros investigados y otros apartados de la primera línea.
Y queda una pregunta que trasciende los nombres propios: ¿hasta dónde llega la responsabilidad política de quien eligió, promocionó y mantuvo a sus colaboradores?
Porque en una empresa, cuando varios directivos elegidos por el mismo presidente protagonizan sucesivos escándalos, el consejo de administración suele pedir explicaciones al máximo responsable. En política, sin embargo, parece que el conductor siempre tiene la tentación de explicar que él solamente iba sentado al volante.
Moraleja: aquel Peugeot aspiraba a llegar a La Moncloa, pero algunos de sus pasajeros han terminado encontrando una ruta alternativa: la Audiencia Nacional.
Y lo más curioso es que el coche todavía sigue dando titulares.


