De la sauna a Moncloa, pasando por la cátedra y la bicicleta: ¡España no da para más!

QUEVEDO VUELVE A ESPAÑA Y PIDE CITA EN MONCLOA: “¡SEÑORÍA, ESTO NO ME LO HABÍA INVENTADO NI YO!”

Crónica de un país donde la realidad ha decidido competir con la sátira

por Alfredo Muñiz

Si don Francisco de Quevedo resucitara hoy, probablemente no pediría un café.

Pediría un escribano.

Y después, con las gafas sobre la punta de la nariz, preguntaría:

—¿Pero esto es España o el argumento de una novela que han escrito entre Valle-Inclán, Berlanga y un guionista con exceso de imaginación?

Porque hubo un tiempo en que los españoles nos escandalizábamos por una dimisión, un coche oficial mal aparcado o un ministro que confundía una provincia con otra.

¡Qué ingenuidad!

Ahora necesitamos una hoja de cálculo para seguir la política nacional.

Empecemos por el árbol genealógico presidencial, porque aquí hasta el parentesco parece tener más capítulos que una serie de Netflix.

La sauna, el PSOE y el milagro de la financiación

Durante los últimos meses han circulado informaciones y acusaciones sobre negocios vinculados a la familia política de Pedro Sánchez, entre ellos la conocida sauna Adán, así como afirmaciones sobre prostitución y sobre una supuesta financiación de campañas socialistas.

Algunas de esas cuestiones están siendo objeto de controversia política y periodística y otras proceden de fuentes que hacen acusaciones que no equivalen, por sí mismas, a una sentencia judicial.

Pero Quevedo, que era hombre de pocas sutilezas cuando encontraba una buena contradicción, habría levantado la pluma y preguntado:

—¿Y quién ha escrito este guion?

Porque si resultara acreditado algún día que dinero procedente de determinados negocios privados acabó financiando operaciones políticas, tendríamos una de esas paradojas históricas capaces de dejar al mismísimo Quevedo sin metáfora.

Él, que ya conocía el arte de convertir el vicio privado en virtud pública, probablemente habría bautizado el fenómeno como:

“La economía circular del poder: del negocio al partido y del partido al poder”.

Y entonces apareció la cátedra

Después llegó el episodio universitario.

Begoña Gómez dirigió una cátedra extraordinaria de la Universidad Complutense.

Y aquí conviene poner orden en el diccionario: no era catedrática de universidad. La propia normativa permite que determinadas cátedras extraordinarias sean dirigidas excepcionalmente por personas que no tengan vinculación laboral con la universidad. (Maldita⁠)

Pero la polémica estaba servida.

Porque al ciudadano corriente le ocurre algo muy sencillo: escucha la palabra cátedra y automáticamente imagina toga, birrete, biblioteca, latín y una señora diciendo:

—Alumnos, abran el manual por la página 327.

Y resulta que no.

Una cátedra extraordinaria puede funcionar de otra manera.

Quevedo habría descubierto aquí una nueva categoría académica:

el profesor que no necesita ser catedrático, el director que no necesita ser profesor y el alumno que probablemente sí necesita cumplir determinados requisitos para matricularse.

Y habría escrito:

“En España hay cargos que exigen currículo para alcanzarlos y otros que exigen únicamente que alguien considere que el currículo es suficiente.”

Eso sí: la discusión sobre la idoneidad del nombramiento es política y académica; no debe confundirse con afirmar que el nombramiento fuera ilegal.

El hermano, Portugal y el hotel Moncloa

Y cuando parecía que ya teníamos suficiente, apareció el hermano.

David Sánchez fue condenado por la Audiencia de Badajoz a nueve años de inhabilitación para empleo público por prevaricación administrativa. (RTVE.es⁠)

Además, su residencia fiscal en Portugal había sido objeto de controversia e investigación. (Moncloa⁠)

Y alrededor de todo ello apareció otra pregunta política: si había residido o no en dependencias de La Moncloa.

Aquí hasta el padrón municipal se convirtió en protagonista.

El alcalde de Madrid llegó a reclamar saber si el hermano del presidente vivía en el complejo presidencial. (Europa Press⁠)

Quevedo, naturalmente, habría aprovechado la ocasión para crear un nuevo concepto administrativo:

“Turismo familiar de Estado.”

—¿Y cuánto cuesta una habitación en Moncloa?

—Nada.

—¿Y el desayuno?

—Lo paga el contribuyente.

—¿Y el check-out?

—Eso ya depende de la sentencia.

Y mientras tanto, el presidente… de vacaciones

Pero llegamos al capítulo más español de todos: agosto.

Agosto en España es ese mes mágico en el que las instituciones parecen funcionar con batería de emergencia.

El país puede arder, una crisis puede estallar y el Parlamento puede reclamar explicaciones, pero alguien siempre dice:

—Ya lo veremos en septiembre.

Pedro Sánchez ha pasado buena parte del verano entre desplazamientos, vacaciones y polémicas políticas, mientras la oposición cuestionaba la duración de su descanso y su gestión durante la crisis de Ceuta. El Congreso ha fijado finalmente su comparecencia para el 3 de septiembre. (Cadena SER⁠)

Y después llegó Andorra.

Porque, según se había publicado, el presidente tenía previsto acudir a la Copa del Mundo de bicicleta de montaña. (Diari Andorra⁠)

¡Ah, la bicicleta!

El deporte favorito de quien quiere demostrar que, aunque gobierne un país, todavía puede subir una cuesta sin que le acompañe un Consejo de Ministros.

Eso sí: cuidado con las fotografías recicladas.

Una imagen que circuló estos días presentando a Sánchez de vacaciones actuales en Andorra resultó ser de 2024. (RTVE.es⁠)

Quevedo habría celebrado el descubrimiento:

—¡Al fin una bicicleta que viaja más que el Gobierno: la fotografía!

El presidente que no sabe si pedalear o gobernar

Y así llegamos al final del verano.

El presidente tiene una agenda política complicada, una crisis de Ceuta, una comparecencia parlamentaria pendiente y una oposición afilando los cuchillos dialécticos.

Y uno imagina a sus asesores reunidos alrededor de una mesa:

—Presidente, tenemos que hablar.

—¿De qué?

—De Andorra.

—¿Qué pasa con Andorra?

—Que quizá no sea el momento.

—¿Por qué?

—Porque después de todo lo ocurrido este verano, como usted aparezca ahora con casco, culotte y bicicleta de montaña, el país puede pensar que se ha tomado demasiado en serio lo de “pedalear hacia el futuro”.

Silencio.

El presidente mira por la ventana.

La bicicleta espera.

La política también.

Y Quevedo, desde algún lugar del más allá, prepara la pluma.

Porque si volviera hoy a España descubriría que ya no necesita inventar personajes ridículos.

Los personajes vienen de serie.

Ya no necesita exagerar los privilegios.

Le basta con leer el BOE.

Ya no necesita imaginar contradicciones.

Las encuentra en los titulares.

Y ya no necesita escribir una sátira sobre el poder.

Le basta con abrir el periódico.

Eso sí, probablemente terminaría su crónica con una recomendación:

—Españoles, no perdáis el sentido del humor.

Porque cuando un país consigue que una sauna, una cátedra, Portugal, Moncloa, una bicicleta, unas vacaciones y una comparecencia parlamentaria parezcan capítulos de la misma novela…

no queda más remedio que reírse.

Aunque solo sea para que Quevedo, al volver del otro mundo, no piense que ha resucitado en una obra de ficción.

Ha resucitado en España.

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