¿Qué recomendaría el exjefe de la Casa Real al rey Felipe VI sobre Sánchez? por Alfredo Muñiz
El exjefe de la Casa Real durante el reinado de Juan Carlos I, Sabino Fernández Campo, defendió públicamente el deber del monarca de advertir, desde la discreción institucional, sobre el rumbo político del país cuando considerase que determinados acontecimientos podían comprometer la estabilidad de España.
Casi dos décadas después, aquellas reflexiones vuelven a resonar en el debate público ante el complejo contexto político que atraviesa el país y las controversias que rodean al Gobierno de Pedro Sánchez. La pregunta surge inevitablemente: ¿qué aconsejaría hoy el conde de Latores al rey Felipe VI?
En 2007, Fernández Campo reivindicó el deber institucional de Juan Carlos I de intervenir, al menos desde la influencia discreta y preventiva, ante determinadas reformas estatutarias impulsadas durante el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero. Sus declaraciones, recogidas entonces por Alfredo Muñiz en El Confidencial, provocaron un notable revuelo intelectual y político.
El general retirado sostenía que una de las principales funciones del Rey consistía en advertir “por dónde podían ir las cosas”, aunque siempre “de forma discreta y anticipada”. Al mismo tiempo, criticó la política antiterrorista del Ejecutivo y reclamó al Gobierno mayor claridad sobre eventuales cesiones a ETA. En aquel contexto, expresó también su preocupación por lo que definía como un riesgo de “futura desmembración” de España derivado de ciertas tensiones territoriales, cuestionando además el concepto de un “rey republicano”.
La clarividencia de Sabino sobre Zapatero
Aquellas declaraciones, pronunciadas en los cursos de verano de La Granda (Asturias), suscitaron un intenso debate entre economistas, juristas y filósofos. Fernández Campo, aquejado entonces de una neumonía, se vio obligado a suspender inicialmente su conferencia inaugural, aunque tras recuperarse retomó sus intervenciones públicas con renovada energía.
Entre quienes respaldaron parte de sus tesis figuraban el economista Juan Velarde Fuertes y el filósofo Gustavo Bueno, autor del libro “Zapatero y el pensamiento Alicia”. Ambos cuestionaron el desarrollo del modelo autonómico. Velarde llegó a afirmar: “Las autonomías rompen el mercado y el Estado no puede funcionar con esa espada de Damocles”. Por su parte, Bueno analizó en profundidad la ambigüedad política y conceptual del término “autonomía” y consideró que el Rey debía intervenir “cuando tiene fuerza”, aunque reconocía las limitaciones reales de la Corona.
Fernández Campo mostró igualmente preocupación por determinadas reinterpretaciones de la memoria histórica y alertó sobre los riesgos de idealizar el pasado republicano sin una visión crítica. Defendía, por ello, la necesidad de trasladar a las nuevas generaciones una visión documentada y rigurosa de la historia reciente española.
En el lado opuesto del debate se situaron juristas como Francisco Bastida Freijedo, quien defendió que el llamado “café para todos” ayudó a aliviar tensiones territoriales y sostuvo que el Rey carecía de legitimidad democrática para influir directamente en la política. De forma similar, el catedrático Ramón Punset reivindicó los avances logrados bajo el modelo autonómico y definió el papel del monarca como el de “mediar, aconsejar, ayudar, apoyar y sugerir”.
Entre posiciones enfrentadas emergió una voz más conciliadora: la del jurista Francisco Sosa Wagner, quien reconocía virtudes al Estado autonómico, aunque cuestionaba la interpretación política que el Gobierno de Zapatero hacía de determinadas reformas estatutarias.
Hoy, ante el actual escenario político español, cabe preguntarse qué pensarían aquellos intelectuales sobre el papel de la Corona, la estabilidad institucional y los límites de la acción política. Y, sobre todo, qué consejo trasladaría Sabino Fernández Campo al actual monarca en tiempos de incertidumbre.


