El tatuaje ya no es una moda pasajera de marineros ni de chicos rebeldes, hoy en día se ha popularizado desde las profesiones más humildes hasta los ambientes más refinados. Modelos, princesas y hasta la duquesita de Montoro se someten a los tatuajes más atrevidos para lucir en verano. Cupcakes, cerveza, puerros, chiles, botes de sopa Campbells para lucir en los cuerpos tatuados
Los cupcakes y las frutas tropicales son los motivos predilectos para los amantes de los tatuajes gastronómicos. Aunque salchichas, perritos calientes o jarras de cerveza también triunfan en el tattoo culinario. La pasión por la cocina queda latente en algunos cocineros. Así Edorta Lamo, del local de pintxos donostiarra “A fuego negro”, lleva tatuados una cuchara y un tenedor en ambos antebrazos. Alcachofas, puerros, chiles, botes de sopa Campbells, todo vale en el mundo del tatouage.
Del “I love Antonio” al torito tatuado de Belén Esteban
Los tatuajes fueron una práctica nacida en tiempos neolíticos y utilizada por distintas culturas a lo largo de la historia. En nuestros días forman parte de una estética chic para los más arriesgados. Jean Paul Gaultier fue uno de los primeros artistas en incorporar el tatuaje a la moda. Melanie Griffith lleva tatuado el corazón de su amado Antonio Banderas
Los marineros que viajaban por el Pacífico quedaron fascinados por los “tattoos” de las tierras aborígenes. Las diferentes tribus de la Polinesia utilizaban el tatuaje como ornamentación corporal, sin que por ello éstos pierdan su fuerte sentido comunal. El tatuaje comenzaba a muy temprana edad y se prolongaba hasta que no quedase región del cuerpo virgen de los pigmentos. Más allá de su sentido estético, el tatuaje confería jerarquía y propiciaba el respeto comunal a quien los llevaba en su piel: cuanto más tatuado estaba alguien, más respeto se le debía. De manera particular, los maoríes utilizaban el tatuaje para la batalla. Los dibujos que llevaban en la piel contribuían a su famosa estrategia de asustar a sus enemigos.
De los tatuajes egipcios a la conejita española tatuada
En Egipto se le conferían al tatuaje funciones protectoras y mágicas.
En América del Norte, los indígenas utilizaban los tatuajes como parte del ritual de paso. Cuando una persona se hacía hombre se le tatuaba con el fin de proteger su alma. En América Central, las tribus utilizaban los tatuajes a modo de conmemoración de los caídos en batalla y como forma de adoración de los dioses. A Occidente llegó el tatuaje por mar. Las expediciones del capitán James Cook a las islas de la Polinesia fueron los introductores. En estas expediciones los marineros tuvieron contacto con los indígenas maoríes y con otras tribus que les “enseñaron” el arte de tatuar. A su retorno, los marineros abrieron sus propios estudios de tatuaje y popularizaron esta disciplina.
Tatuajes tribales celtas
El triskel son tres espirales que entran y salen en el círculo representando con dos sentidos de giro la dualidad de las fuerzas que están en permanente interacción en la naturaleza y por su número (el tres), el equilibrio. El número de elementos que lo conforman es de de nueve (dos veces tres espirales y tres círculos interiores) más el circulo exterior conforman el diez, el número perfecto. El círculo exterior tiene la doble cualidad de representar la totalidad y al tener inicio y fin es equivalente al uroboro, la serpiente que se muerde la cola y que está en renovación permanente.
El triskel celta también representa los 3 estados de la vida comparados con el tiempo transcurrido en un día. La niña inocente es el símbolo del amanecer; la madre representa la tarde, y la sabiduría de la mujer vieja viene simbolizada por la noche. Los celtas intentaron representar “el renacer” y sus tatuajes eran recomendados para las personas que habían sobrellevado alguna situación complicada.
Tatuajes gastronómicos y aristocráticos:
La duquesita de Montoro luce un tatuaje en la nuca, ¿qué será?
Eugenia Martínez de Irujo luce un llamativo tatuaje en el cuello que se distingue fácilmente tras el corte de pelo. El misterioso símbolo con letras revela el nombre de su hija, Cayetana. La ‘C’ es una luna. El tatuaje fue descubierto por un fotógrafo indiscreto que pilló a la duquesita en plenas rebajas de enero. Naturalmente en el madrileño barrio de Salamanca.
Sea como fuere, el tatuaje de la crisis también deja huella en la economía de la Casa de Alba. Las malas lenguas murmuran que la duquesa madre, doña Cayetana, se ha visto obligada a apretarse el cinturón. Informa Alfredo Muñiz.