Arsenio Fernández, “Tito el de la Cantina”, vicepresidente de la tertulia de La Gabardina leyó un divertivo discurso en la entrega del premio Chistera 2026 al artista Favila. El extenso texto rinde homenaje, en tono humorístico y afectuoso, al pintor asturiano Amado Favila, conocido popularmente como Favi o Pachín, con motivo de la concesión del Premio Internacional La Chistera 2026 por parte de la Tertulia La Gabardina. Hemos resumido su contenido.
Nacido en Grado el 30 de marzo de 1954, Favila es presentado como un personaje genial desde su bautizo, descrito de forma disparatada y casi legendaria. Según el relato, durante la ceremonia un rayo de luz iluminó al niño, momento en que el cura profetizó que sería una persona imprescindible, generosa y siempre dispuesta a colaborar gratuitamente con todo aquel que se lo pidiera.
Esa generosidad se convierte en uno de los ejes de la presentación. Favila aparece como alguien alegre, espléndido y colaborador, capaz de hacer carrozas, cuadros, invitaciones o cualquier encargo artístico para amigos, cofradías, barrios o fiestas populares, casi siempre sin cobrar. El autor ironiza sobre quienes justifican esos encargos diciendo que “lo hace en diez minutos”, olvidando que el artista también vive de su trabajo.
El texto también destaca facetas menos conocidas de Favila, como su relación con la música y el baile, especialmente una anécdota cómica sobre un vídeo en el que imita a Gene Kelly con un paraguas, aunque con resultados desastrosos.
Como pintor, el autor lo define claramente como un genio. Recuerda una visita a su estudio en la que Favila, a partir de una fotografía africana, crea en poco tiempo un cuadro lleno de vida: una lancha en un río, sus tripulantes, la vegetación y el movimiento del agua. La obra termina siendo regalada al narrador, que la conserva en su casa y la contempla a diario.
El relato incluye además una anécdota satírica sobre una comida en Salinas con un supuesto organizador de un homenaje que intenta evitar pagar la cuenta. El episodio ofende profundamente a Favila y desemboca, en clave disparatada, en la “operación Pitu Caleya”, que acaba con el restaurante reducido a escombros.
Finalmente, la Tertulia La Gabardina decide premiarlo para reconocer su talento y recuperarlo anímicamente. El texto concluye con elogios a Favila, agradeciéndole su amistad y cerrando con su característica despedida: “Bueno anda, ta bien, ta luego”.



