El Diwali (también Divali, Deepavali, Deepawali o “festival de las luces”), es un festival hindú que dura cinco días que se celebra en la luna nueva del mes de Kartika. El festival comienza en el día denominado Dhanteras, que se celebra el décimo tercer día lunar de Krishna Paksha (cuarto menguante) del mes Ashvin del calendario hindú y finaliza en Bhau-beej, celebrado el segundo día lunar de Shukla Paksha (cuarto creciente) del mes Kartik. Dhanteras por lo general cae dieciocho días luego de Dussehra. En el calendario Gregoriano, Diwali cae entre mediados de octubre a mediados de noviembre. Festividades similares son celebradas por los miembros de varias religiones en India, como el hinduismo, el sijismo y el jainismo.
Con dioses hindúes, velas y dulces
Iluminación, bolas, guirnaldas con flores, hojas del árbol de la paz, petardos y fuegos artificiales. India se viste de fiesta y celebra el Nuevo Año, entonces celebraron las navidades al estilo hindu y ahora vuelven a festejarlas con los símbolos occidentales. “Diwali” significa alegría y es el nombre de la festividad para festejar la Navidad , al estilo hinduista. Los dulces, la fruta y los presentes para los niños se convierten en los regalos estrella de la temporada. La fecha de la Navidad en India cambia cada año en función del ciclo lunar.
Si quieres escuchar un villancico índio: “Hindi Jingle Bells” (cliquea sobre el vínculo).
Navidad india con dulce y alegría hasta para los más necesitados
En los hogares se prepara un “nacimiento” con casitas de barro, flores, figuritas de dioses hindúes, velas y rituales purificadores. Los más creyentes limpian, pintan la casa, y por supuesto leen las lecturas sagradas. No consumen alcohol, ni suelen comer carne ni pescado durante los festejos navideños, pero sí disfrutan de lo más dulce. Uno de los postres típicos son los “Gulab Jamun”, bolitas con polvo de leche que se fríen y remojan en un almíbar elaborado con agua, miel, azúcar, cardamomo, pistacho, canela o coco. Además, los objetos de valor se purifican en agua y leche. Tras el ritual, hacen una cruz esvástica hindú en las monedas para atraer la prosperidad.
Saboreando lentejas, las tomas o las dejas
En el refranero castellano las lentejas indican la necesidad de tomar algo tal cual viene, sin poder matizarlo. Si nos dicen “son lentejas”, sabemos que tenemos que aceptarlo como es. En la India las lentejas se convierten en las reinas del gourmet vegetariano. Desde aperitivos de lentejas, en bolsas que recuerdan el arroz inflado, al pudding con lentejas para el postre. Un chef indio cocina lentejitas en puré, las prepara con vegetales y hasta logra sabores afrodisíacos para una velada de las mil y una noche, siempre con su ración de picante. Incluso llegan a machacar las lentejas y tras horas de remojo obtienen una harina blanca para elaborar una especie de croquetas (maas) que sirven hasta en el desayuno.
El renacer del espíritu navideño con la Madre Teresa de Calcuta, Gandhi y el padre Vicente Ferrer
A la hora del té también se pueden degustar unas lentejas fritas blancas, con cebolla, limón y pimienta. Los garbanzos son otro de los ingredientes habituales en los guisos indios, aunque en nada se parecen a nuestro cocidito madrileño. Garbanzos negros
con coco es una de las especialidades habituales en los menús de los aviones a la India, al menos así los sirvieron en el trayecto desde París de Air France.
Por otro lado, los amuletos y las tradiciones centenarias son comunes con la utilización de productos gastronómicos. Cada sábado siete guindillas y un limón se cuelgan en las puertas de los hogares y en los autobuses para ahuyentar la negatividad de Saturno, hijo del sol y origen de la envidia.
Las mujeres más religiosas ayunan durante un día hasta la salida de la luna llena como sacrificio para pedir salud a su esposo. El problema surge en los días nublados que tienen que esperar hasta la luna siguiente, en cualquier caso como contrapartida el marido aporta un regalito.
Desesperación navideña en la India con suicidios en el campo
La alegría de la Navidad en India se enfrenta a la realidad de 1.200 millones de habitantes. Las zonas rurales son las más afectadas, un jornalero trabaja de sol a sol para ganar unos 2 euros al día. Pese al crecimiento económico del país, el sector agrario sufre una crisis sin precedentes. La causa principal es la introducción de las semillas transgénicas y la desaparición de las ayudas al campo. Las deudas y la desesperación provocan suicidios en masa.
Del orfanato de la Madre Teresa a los templos eróticos de Khajuraho
Lo picante alterna con lo rabiosamente dulce; la riqueza resplandece en oasis de maharajás construidos entre pobreza; la religión mueve a las masas mientras el culto al sexo se exhibe en templos con escenas del Kamasutra. La India es un país lleno de contrastes donde el hinduismo se convierte en una filosofía de vida capaz de infundir un ápice de cordura ante el caos reinante.
Vacas sagradas cruzando por las calles, monos saltando en torno a templos para adorar a dioses del planeta de los simios. Divinidades con trompa de elefante e historias mitológicas que se entremezclan con la palabra sagrada. Ciencia ficción para los occidentales con mensajes cordiales de paz y amor. Los pobres dirimen sus pecados de otra vida y aceptan su destino con la esperanza de reencarnarse en un estadio superior.
Sikhs: guerreros del hinduismo y benefactores de causas sociales
Turbantes, exóticos sarees, bocinas, atascos entre atracones de gustos y colores. El turista se monta en una bicicleta con taxista (rickshaw) y observa lo cotidiano como en un parque de atracciones; esquivando baches y vacas sagradas gracias a un ciclista con chanclas al que se le paga una miseria. Luego el viajero se refugia en los relumbrantes palacios de los maharajás venidos a menos para atracarse de sabores con guindilla.
El biberón a Nenún lo más emocionante del viaje a la India
Visitamos el orfanato de la Madre Teresa de Calcuta situado en Agra, la ciudad del Taj Mahal. A escasa distancia del mausoleo más bello de la Tierra se encuentra el centro de las Misioneras de la Caridad.
El Taj Mahal es un monumento de mármol blanco, construido por el emperador mogol Shah Vahan en memoria de su esposa predilecta Muntaz Mahal, una joven vendedora que llegó a ser la reina del imperio gracias a su belleza. La reina murió tras el parto de 14 hijos y el monarca le dedicó una tumba que simboliza el amor eterno. Muy cerca, se encuentran los pabellones de la Madre Teresa donde se albergan ancianos desvalidos y terminales, niños con discapacidades y huérfanos desde la más tierna infancia. Existen otros centros similares en distintas ciudades de la India. Durante la visita tuvimos la oportunidad de darle el biberón a Nenún, un bebé
de tan sólo dos meses. Desgraciadamente Nenún no tiene a su alcance la leche materna ideal para la nutrición infantil pero dispone de unas cuidadoras que comparten el cariño con el resto de huérfanos.
20 euros al mes para que un niño pueda crecer sano y educado
Para salvar a un desprotegido de la miseria, en la India se necesitan unos 20 euros al mes, repartidos en los siguientes gastos: menos de 4 euros para
facilitarle una nutrición adecuada; en torno a 6 euros para escolarización; unos 10 euros para formación profesional y cerca de 12 euros para salud e higiene. Al final de la crónica figuran los vínculos para realizar las donaciones en las organizaciones oficiales. Así si colaboras con la Fundación Vicente Ferrer: “Si apadrinas un niño o niña, le estás ofreciendo la posibilidad de tener un futuro, no sólo a él, sino a toda su comunidad. La contribución mensual de 18 € no se destina únicamente al niño o niña apadrinada, sino a mejorar las condiciones de todo su entorno. Como padrino recibirás información sobre los avances que reporta tu aportación solidaria y podrás seguir, mediante cartas, dibujos y fotografías, la evolución del niño o niña que apadrines”. Feliz 2068 para el pueblo indio, y deseos de un renacer del espíritu navideño con la Madre Teresa de Calcuta, Gandhi y el padre Vicente Ferrer.
Fotos y texto Alfredo Muñiz
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