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Primer capítulo de El testamento del Gallo

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El último canto del Gallo

Basiliño, a punto de cumplir 100 primaveras, padece problemas de corazón, pero conserva un apetito sexual excelente. Cada vez que visita a su urólogo, el doctor Luis Porra Congosto, le pregunta qué puede hacer para elevar el ánimo de su Capitán.

Porra Congosto, el médico, le responde: “Don Basilio le voy a tener que prescribir duchas frías para que se le encoja el miembro viril. Está usted más salido que un balcón. No es normal a su edad”.

—¡Ay, eso del efecto de cabeza de tortuga para adentro, me da grima! Lo del achicamiento de mi pilila no lo mencione ni en broma por mucho que vuelva a asomar la cabecita con el calor. Yo lo que quiero es un invento para sentirme como cuando tenía 20 años, como un gladiador en el Coliseo Romano. Y lo del dedito ni se le ocurra, por favor…

—Pero no se da cuenta de que puede morir de un infarto en el intento. Usted lo que necesita es bromuro y alimentos que disminuyan su libido: soja, carne, queso, y en los días de fiesta, una copita de vino. A ver si con esos sustitutivos enmascara, de una santa vez, la satisfacción del deseo sexual.

—Ya le dije que quiero las pastillitas azules para poder cantar el quiquiriquí, o como dice la puñetera de mi nieta, el cock-a-doodle-do, que me cacarea y quiquiriquea en inglés.

—Mire, sin que sirva de precedente le voy a recetar la Viagra. Para curarme en salud, por si ocurriera algo, me tiene que firmar un documento donde le informo de los riesgos y contraindicaciones del medicamento, exonerándome así de cualquier incidente que pudiera surgir.

—Le firmo a usted un autógrafo y lo que haga falta, hasta las letras del piso. ¡Uy, qué contenta se va a poner mi Carmiña! Muchas gracias doctor. No sabe lo feliz que me hace solo de pensarlo. Voy a revivir los mejores momentos de mi vida, aunque sea la última vez.

—Tenga en cuenta que el orgasmo a su edad le puede provocar la muerte. Por esos los franceses lo llaman la petite mort, es decir la pequeña muerte, aludiendo a que la corteza cerebral del hombre se debilita durante el acto. El sexo tan deseado por usted queda relegado a un segundo plano si quiere seguir vivo y coleando.

—Eso es lo que yo quiero, doctor. Morir orgasmeando. ¿Cuántas pastillitas azules me tengo que tomar? Porra Congosto se encuentra en un dilema, atemorizado y arrepentido de haberle concedido el caprichito de un quinceañero a un centenario: “¡Ay Dios mío! Ya me arrepiento de haberle expedido la receta. Que sea lo que la Virgen del Perpetuo Socorro quiera”.

El abuelo sale de la clínica sonriente, con su cachava, su gorra y sus gafas oscuras. Arranca con brío su viejo Mercedes en dirección a la farmacia de guardia, escuchando en su casete un tema mítico de La Trinca, donde las Hermanas Sisters interpretan El Cilindrín:

“Que nadie se haga el gallito quiquiriquí, quiquiriquí

por no tener que agacharse a hacer pipí, a hacer pipí.

Si hay por un triste colgajo quien se crea superior

que lo exhiba en una urna con bolitas de alcanfor”.

Tras una noche de placer, su mujer Carmiña avisa preocupada al doctor Porra Congosto: “Venga urgentemente, en pleno acto le ha dado un jamacuco. Corra. Lo necesito lo más rápido posible. Está convulsionando…

Alfredo Muñiz

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Publicado el Ene 7 2022. Archivado bajo Actualidad, HORECA, Hosteleria, Noticias destacadas, Videos. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0.

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