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Críticas irónicas a los puestos de conveniencia en Cuba

El escritor cubano Oscar Rodríguez Montes nos envía un cuento lleno de ironía sobre dos  personalidades cubanas. Por un lado, la famosa bailarina Alicia  Alonso, directora del Ballet Nacional de Cuba con 97 años,  mucha gente en la isla la apodan “la momia”, y  por el otro, Roberto Fernández Retamar, recientemente fallecido el pasado mes de julio a los 89 años de edad; hasta última hora fue presidente de la Casa de las Américas. pese a su avanzada edad. En el cuento no se hace referencia a la saga de los Castro que como si fueran los reyes de Cuba van heredando los máximos cargos del partido comunista que controla el Gobierno …  ¿A quién beneficia el aislamiento de Cuba….? , ¿tendrán miedo los dirigentes que se les puede acabar el “chollo” si hubiera una política aperturista…?, ¿el hijo de Raúl Castro, el Tuerto, heredará el poder de su padreDe momento, controla la inteligencia cubana…. ¡Viva la democracia!

Alta resolución por Oscar Rodríguez Montes

Ellos quieren morir. No porque lo diga yo, lo dicta el destino que me escogió para asistirlos en sus últimas horas.

El tiempo los ha tornado en dos figuras de seda ¿cómo se mantienen intactas? ¿cómo viven en este país abrazado por el fuerte calor del trópico? Pues en sus casas hay grandes aires acondicionados, pero ya, incluso el termino sonaría demasiado ordinario para estos dos individuos. Sería mejor decir grandes Splits. Caminan, o, mejor dicho, los hacen caminar, sabiéndose más nacionalistas que nadie, pero me queda la duda. Es que ser nacionalista es estudiar en el extranjero y luego restregarle en la cara a los que nunca han montado un avión, lo que aprendieron con los gringos. Sí, una estudió en la ciudad de New York, con personalidades tan grandes como, Anatole Vilzak o Ludmila Shollar, en la escuela del American Ballet Theater y después con Vera Vólkova en Londres. El otro, estudió Humanidades en la Universidad de La Habana, pero profundizó estudios en las universidades de La Soborna y de Londres; en la de Yale ofreció un curso sobre literatura hispanoamericana. En los institutos universitarios de Praga y Bratislava también dictó conferencias.

Este último me desagrada más, imagínense, el hombre ha recorrido medio mundo con su obra castrista de la literatura, tomando vodka con jugo de naranja, metiéndole el bolígrafo en el culo a las meretrices londinenses y limpiándose la baba con una libra esterlina. Luego niega descaradamente que una persona pueda comprender textos que no hayan sido escritos dentro de su propia cultura; teoría que tiene un carácter totalmente anti universalista y que, además promueve el aislamiento intelectual. Ella no se queda atrás. Después de viajar medio mundo en puntillas comiendo faisán de la India, instituye su propia academia en el país natal, todo para saberse más revolucionaria que nadie. Personalmente, creo, que ella extrañaba las pingas cubanas, no es lo mismo realizar un levantamiento de piernas a un frívolo europeo que a un caribeño. Pero ella ocultó todo eso, de hecho, mantuvo en secreto su fascinación por los falos negros, tanto así que no permitía que en su compañía existieran personas de esa raza.

Pobrecitos, ya están viejos y lo único que me piden es ayudarlos a morir. Actualmente, se dedican a la difícil tarea de ser propagandas publicitarias ¿cómo? Pues…

Ella: directora del Ballet Nacional de Cuba. Todas las funciones que se ofrecen llevan como dirección general, su nombre. A ver si lo dejo claro: individuo del sexo femenino que tiene 97 años, completamente ciega, con dificultad para caminar, calva (o eso sospecho ya que siempre usa pañuelo) ¿creen de verdad que ella puede realizar esas funciones? Únicamente que tenga tres hadas madrinas, Giselle, Carmen y Odeth la princesa cisne.

El: Presidente de Casa de las Américas. Diputado de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Anciano de unos ochenta y ocho años de edad, postrado en una silla de ruedas, lleno de manchas por la vejez, usa una anticuada y gastada bolchevique porque es igualmente calvo, no creo que esté en plenas facultades mentales. Saquen ustedes sus propias conclusiones.

Por eso cuando ambos me asignaron la difícil tarea de ayudarlos en su autodestrucción, yo acepté sin peros. Cómo no ayudar a mi amigo el dálmata y a su compañera, la gamita ciega.

Me pidieron que el lugar del hecho fuera totalmente ordinario, entonces, pensé de inmediato en mi centro de trabajo. Yo laboro en una fonda, de esas que le dan a la población, arroz pegado y chicharos sin condimentos. Los trabajadores del lugar iban a estar felices de recibir a tan laureadas personalidades. Comenzamos los preparativos horas antes de la llegada de los aristócratas culturales. Colgamos muchos, muchísimos globos y cadenetas por doquier, compramos un cake y variedad de dulces de una panadería “estatal”. Por supuesto, preparamos dos cubos de ponche, uno con alcohol, para los trabajadores y otro con ácido muriático, para los invitados.

Llegaron los invitados. Ehhhhhhhh! Muchos aplausos, fanfarrias y confetis en el recibimiento. Vinieron, además, algunos miembros de la UNEAC y hasta nuestro jefe de la Dirección Provincial. Comieron dulces y probaron el pastel. La plebe bebió del ponche con alcohol, el resto, consumió del otro. Minutos después, el ácido había surtido efecto y todos habían muerto, incluso nuestro jefe, pero él no tenía importancia, a ese lo enterraríamos en una fosa común.

Rápidamente llevé a mis invitados de honor a un pequeño estudio fotográfico que había preparado en el propio centro, debía tomar una foto para atrapar ese bello momento. Cerré la puerta del lugar y me dispuse a trabajar.

Despojé a mi amigo manchado de todo su atuendo y le puse un bello tutú rosado que había traído la añosa bailarina para la ocasión. A ella le quite el pañuelo (sí, era calva) y a él la bolchevique. Cargué el cuerpo de la alopécica vieja y lo situé sobre el regazo del escritor. Abrí la boca de ella y le introduje una zapatilla, a él le introduje un bolígrafo. Cogí un bello pañuelo rojo y con él amarré las cabezas de ambas figuras para que estuvieran juntitas. Encendí la cámara y corrí hacia mis amigos para salir en la foto. Me ubiqué justo detrás de ellos y dije: ¡quesooo!

Alicia, Retamar…, gracias por posar para mí.

Publicado el Ago 10 2019. Archivado bajo Actualidad, Hosteleria, La Guinda. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0.

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